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El pozo, el perro y las pulgas

Pablo Beramendi / David Rueda 2010-05-20 El País lotura

Una lectura de los análisis de las medidas recientemente aprobadas por el Gobierno produce la impresión de que la causa principal del actual déficit público es un exceso de gasto, una consecuencia del uso irresponsable de la política fiscal que los mercados han parado en seco. Este diagnóstico ignora la verdadera raíz del problema. La situación actual del Gobierno y las medidas que ha tomado, perjudicando a buena parte de su electorado y contradiciendo su propio discurso, no son consecuencia de un exceso de gasto, sino de una falta de recaudación. La distinción no es baladí.

Parece indiscutible que con un déficit en torno al 11% del PIB y un paro dos veces por encima de la media de la OCDE, la economía española es un perro esquelético bajo el ataque de pulgas especialmente rabiosas. Pero sería conveniente reflexionar sobre la naturaleza exacta de las pulgas, y de cómo librarse de ellas a largo plazo.

En primer lugar, comparativamente, es difícil argumentar que el problema sea el Estado. La deuda pública en España representa un 55% del PIB. Esta cifra puede parecer alta, pero se encuentra 20 puntos porcentuales por debajo de la media de la zona euro. En cuanto al déficit, su nivel actual es muy similar al de países que no han sido objeto de la desconfianza de los mercados financieros (como Reino Unido o Estados Unidos).

La vulnerabilidad de la deuda soberana española en los mercados financieros ha sido causada principalmente por la deuda combinada del sector público y el privado. Esta deuda asciende a la apabullante cifra de 1,7 billones de euros (un no menos escalofriante 170% del PIB). La debilidad económica del Estado es, por tanto, la consecuencia de su responsabilidad como garantizador público de una masiva deuda privada (surgida de una burbuja inmobiliaria también sufrida en otros países).

La primera paradoja de las medidas anticrisis anunciadas por Zapatero es, por tanto, que hacen pagar el precio de la crisis a aquellos que menos responsabilidad tienen en haberla causado. Los mercados financieros están intranquilos por el tamaño de una deuda que es sobre todo privada, pero no se ha tomado ninguna medida que afecte a los actores que se beneficiaron de esta situación. En vez de esto, la solución propuesta por el Gobierno es un plan de ajuste de una austeridad hasta ahora desconocida.

La segunda paradoja es quizás más importante. Las medidas actuales se toman para calmar a las pulgas, y por eso se concentran en partidas de gasto que generan efectos inmediatos en la reducción del déficit, pero no ayudan a resolver el problema de base, la delgadez del perro. Más bien, todo lo contrario. La ralentización de la recuperación económica asociada a la contracción presupuestaria generará todavía menores ingresos, y obligará probablemente a más recortes. Para romper este círculo vicioso es necesario plantearse reformas que refuercen la capacidad fiscal del Estado para conseguir los objetivos presupuestarios fijados por Zapatero (sin duda necesarios), pero repartiendo los costes de manera más justa (y no castigando únicamente a asalariados y pensionistas).

Los países que han sido capaces de combinar crecimiento e igualdad, por ejemplo los países escandinavos, recaudan entre 7 y 9 puntos porcentuales del PIB más que España, aunque la distribución de la carga fiscal grave, en términos relativos, más al factor trabajo y al consumo que al capital (solo así se preservan los necesarios niveles de inversión). De esta manera, según datos de la OCDE para 2005, la tasa efectiva media sobre la renta de trabajo y consumo en Suecia es del 58% mientras que la tasa efectiva media sobre las rentas del capital es del 32%. En las economías continentales las cifras son algo más equilibradas: por ejemplo, la tasa sobre las rentas de trabajo y consumo en Francia es del 49%, mientras que la tasa sobre las rentas de capital es del 30%. Por último, en EE UU, los mismos indicadores son, respectivamente, el 27% y el 29%.

¿Y España? El Gobierno grava el trabajo y el consumo al 37%, por encima de Estados Unidos y al mismo nivel que Reino Unido, y el capital al 17%(!), el valor más bajo de toda la OCDE. Si a esto sumamos unos niveles de fraude fiscal que las distintas estimaciones sitúan, como mínimo, entre el 4% y el 8% del PIB, resulta fácil comprender por qué el Estado tiene que recurrir al déficit para financiar la respuesta a la crisis. Lo que resulta menos comprensible es que después de seis años de Gobierno de izquierdas sigamos con una estructura fiscal tan excepcional en comparación a los países de nuestro entorno.

Dadas estas características, el sistema fiscal español incurre en una forma perversa de redistribución: la que se produce desde aquellos que tributan a través de retenciones ex ante en sus ingresos (asalariados, pensionistas, funcionarios) a aquellos que tributan ex post vía ingresos declarados (autónomos, profesionales, empresarios) y a las empresas. Esta transferencia opera a través de los ingresos que el Gobierno no recibe gracias a la bajísima tasa sobre las rentas de capital, de los que deja de recibir como consecuencia del fraude, y de los que agravan la carga fiscal sobre las rentas de trabajo y sobre el consumo. Las medidas anticrisis anunciadas por el Gobierno no hacen sino empeorar esta situación con un paquete de ayuda al sector financiero pagado por contribuyentes y pensionistas, y una reducción del salario real de estos últimos.

Preocupados por las pulgas, el Gobierno parece olvidar que las necesarias reformas del mercado de trabajo y del modelo productivo tienen importantes costes. Como saben bien en las economías coordinadas del norte de Europa, no se pueden activar los mercados de trabajo sin invertir en programas de empleo y sin financiar con cargo al Estado los periodos de reciclaje de los trabajadores de sectores en declive. No se puede cambiar el modelo de contratación sin generar incentivos. Y no se puede llevar a cabo una transición hacia la economía del conocimiento permitiendo que las universidades continúen sin los recursos necesarios, sin crear un costoso entramado institucional que facilite una nueva relación entre la producción y la investigación.

Ninguna de estas reformas es viable en un Estado sin capacidad fiscal ni la legitimidad política que emerge de un sistema recaudatorio justo. Por esta sencilla razón, es hora de corregir la miopía que impide a los Gobiernos introducir las reformas necesarias para que el país rompa el círculo vicioso en el que se encuentra. Es evidente que la ruptura de este círculo no pasa por reducir el tamaño del Estado en relación a la economía, sino a través de una reforma del sistema fiscal.

Es obvio que una reforma de esta magnitud no se puede afrontar de golpe. Pero es precisamente una crisis económica lo que ofrece a los políticos la oportunidad de realizar reformas sustanciales (hasta hace unas semanas, rebajar en sueldo de los funcionarios en un 5% hubiera sido impensable). En palabras de Rahm Emanuel (jefe de Gabinete del presidente Obama), no se debe desperdiciar nunca una crisis seria.

Para empezar, es el momento de considerar una tasa sobre las rentas de capital más alta y, por lo tanto, más acorde con el modelo europeo. Incrementar los impuestos sobre los beneficios de la banca daría legitimidad política a este Gobierno y mandaría un mensaje claro a la coalición que lo sostiene acerca de los objetivos redistributivos de Zapatero. Una subida de los impuestos a rentas altas haría lo mismo. En este respecto, el Gobierno español simplemente seguiría la senda de medidas similares anunciadas por Gobiernos que difícilmente podríamos calificar de izquierdistas (Sarkozy en Francia y Cameron en Reino Unido). Por último, es indispensable combatir de una manera seria el fraude fiscal.

Estas medidas podrían ayudar al Gobierno a recuperar el pulso político y a reconstruir su coalición electoral. De otro modo, asistiremos a una última paradoja: el partido cuya política facilitó la creación de la burbuja inmobiliaria, que premia a sus líderes acusados de corrupción, retomará el poder para imponer medidas todavía más absurdas y más injustas que las anunciadas estos días. Todos deberíamos recordar aquel proverbio chino que dice que lo primero que hay que hacer para salir del pozo es dejar de cavar.

Pablo Beramendi y David Rueda son profesores de Ciencia Política en la Universidad de Oxford.

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maiatza 20, 2010 Posted by | Ekonomia, Politika | , , , , | Utzi iruzkina

Laporta y la diva uzbeca

John Carlin 2010-05-09 El País lotura

A Joan Laporta, el presidente del FC Barcelona, le costaba creer que el señor sentado a su lado en la mesa iba en serio. Le había hablado de él unos días antes un conocido suyo turco, Bayram Tutumlu, en el palco del Camp Nou, el estadio del Barcelona. Tutumlu, agente de futbolistas, le había dicho que el señor, de nacionalidad uzbeca, representaba a una empresa potente que quería hacer negocios con el Barcelona. Laporta se interesó y Tutumlu organizó una comida en el Via Veneto, un lujoso restaurante en la zona alta de la capital catalana. Según Tutumlu, la primera reacción de Laporta cuando vio al empresario de Asia Central, vestido de manera poco elegante y con colores que desentonaban, fue el escepticismo. “Pero ¿es verdad que este tío tiene pasta?”, le murmuraba al oído a Tutumlu en español, idioma que desconocía el uzbeco, Miraldil Djalalov.

La grata sorpresa para Laporta fue descubrir más tarde que sí tenía pasta. Djalalov era el hombre de paja de la más intrigante, atractiva y rica Gulnara Karimova, hija de Islam Karímov, presidente de Uzbekistán desde 1990, y dueña de un conglomerado uzbeco llamado Zeromax, registrado en Suiza, cuyas empresas operan en casi todas las esferas económicas de su país, entre ellas la minería, el transporte y la agricultura. Zeromax también controlaba el club de fútbol más fuerte de Uzbekistán, el FC Bunyodkor, conocido por los aficionados uzbecos como “el equipo de la hija del presidente”.

La comida en el Via Veneto fue el 16 de mayo de 2008. En la segunda semana de agosto del mismo año Laporta hizo su primer viaje a Tashkent, la capital de Uzbekistán, donde fue recibido con honores de un jefe de Estado. En esta y en visitas posteriores al país asiático, su anfitriona fue Gulnara Karimova, autoproclamada “princesa de los uzbecos”, una mujer con un currículo extraordinariamente amplio. Parte princesa Diana, parte Sarah Palin, parte chica Bond, parte Cruella de Vil, tiene 37 años, posee un doctorado en Ciencias Políticas y un máster de la Universidad de Harvard; diseña joyería para la casa suiza Chopard; tiene su propia marca de moda y de diseño, llamada Guli; participa en proyectos caritativos para el desarrollo de la mujer y de los jóvenes; es cantante de pop, papel en el que cambia su nombre por el de GooGoosha (en su página web, http://www.gulnarakarimova.com, se puede acceder a una versión suya de Bésame mucho con Julio Iglesias), se han publicado historias sobre ella en Vogue, Harper’s y Hello!, se ha fotografiado junto a algunas de las personas más famosas del mundo (entre ellas Elton John y el ex presidente de Estados Unidos, Bill Clinton). A finales del año pasado, Karimova, la mujer de negocios (Zeromax es la empresa más diversificada y más grande de su país), fue nombrada por una revista de Ginebra una de las 10 mujeres más ricas de Suiza, país donde ejerce de embajadora de Uzbekistán ante la ONU, con una fortuna estimada en más (algunos dicen que mucho más) de quinientos millones de euros. En abril de este año presentó sus credenciales ante el rey de España como embajadora de su país en Madrid.

Karimova también ha sido descrita por la revista Foreign Policy, de Estados Unidos, como “una de las peores hijas del mundo”. En un artículo sobre ella publicado en esta revista, un analista de Asia Central explicó: “Zeromax es esencialmente una de las fachadas detrás de la cual Gulnara Karimova continúa consolidando su control sobre todas las fuentes de ingresos de su país por cualquier medio que ella considere necesario”.

El régimen que preside su padre es considerado por las principales organizaciones internacionales de derechos humanos como uno de los peores del mundo. Más allá de la tortura, el asesinato y la intimidación como herramientas institucionales de persuasión, con el fin de perpetuar el poder y la riqueza de la élite de Gobierno, lo que distingue a Uzbekistán es el abuso sistemático de los niños, millones de los cuales han sido obligados a trabajar como esclavos en la cosecha del algodón, principal fuente de ingresos del “atroz” “mafia estado” uzbeco, según la definición del último informe sobre el país de Human Rights Watch.

El presidente Laporta, que no ha querido contestar a las preguntas de EL PAÍS, aparentemente no tomó estas consideraciones en cuenta a la hora de firmar acuerdos millonarios a nombre del FC Barcelona con Gulnara Karimova, que tampoco ha contestado a preguntas de este diario, y su club de fútbol, el Bunyodkor. El club catalán, patrocinado por la agencia de Naciones Unidas para la defensa de los niños (Unicef), selló un acuerdo de hermandad con el Bunyodkor en aquella visita de Laporta a Tashkent en agosto de 2008. Pero el dinero va todo en una dirección. El Bunyodkor, financiado por las arcas de Zeromax, ha pagado cinco millones de euros al Barcelona a cambio de dos partidos amistosos con los equipos de fútbol de ambos clubes, uno de los cuales se disputó en enero de 2009 en Barcelona; el de vuelta, en Tashkent, sigue pendiente. Tres millones de euros más se ingresaron al Barcelona tras visitas hechas a Uzbekistán por tres jugadores del club -Messi, Puyol e Iniesta-, que participaron en campamentos con jugadores jóvenes del Bunyodkor.

El Barcelona es el único club extranjero que tiene vínculos comerciales con el equipo de Karimova, pero jugadores de otros clubes importantes europeos también han recibido grandes cantidades de dinero a cambio de bendecir con su presencia al Bunyodkor, entre ellos Cesc Fábregas del Arsenal de Londres y Cristiano Ronaldo (en diciembre del año pasado) del Real Madrid. Rivaldo, el jugador brasileño que jugó cinco años en el Barcelona, actualmente milita en las filas del Bunyodkor.

Entre otros famosos que han sido incapaces de resistir las tentaciones económicas de Karimova están los cantantes Julio Iglesias, Rod Stewart y Sting. Hubo un revuelo en la prensa británica cuando se supo a finales del año pasado que Sting, conocido -como el Barcelona- por sus asociaciones con causas humanitarias, había aceptado entre uno y dos millones de libras para cantar en Tashkent. “¿Por qué Sting está aceptando dinero de un dictador, a través de la hija del dictador?”, preguntó The Guardian, perplejo también porque Sting había sugerido que el recital había sido patrocinado por Unicef, cosa que Unicef niega rotundamente.

¿Cómo es la dictadura uzbeca? Veronika Szente Goldston, experta en Asia Central de Human Rights Watch, declara: “Clasificamos a Uzbekistán entre los Gobiernos más represivos del mundo. Casi al mismo nivel que Birmania o Corea del Norte. Es un infierno para los derechos humanos”. Especialmente notorio fue el caso de la ciudad de Andijan, en 2005, cuando una unidad motorizada de efectivos armados del Estado abrió fuego contra una multitud de manifestantes y mató a cientos de hombres, mujeres y niños. La comunidad internacional ha clamado por una investigación independiente internacional, pero a día de hoy el Gobierno se ha negado y no ha hecho nada, que se sepa, para esclarecer los hechos.

Una investigación que sí dio fruto, en 2002, fue un análisis forense de dos víctimas del régimen solicitado por la Embajada británica. La conclusión fue que los dos habían sido hervidos vivos. Más sistemática es la práctica de la tortura. Surat Ikramov, que encabeza el Initiative Group of Independent Human Rights Defenders de Uzbekistán, dice que la operatviniki, nombre coloquial para la policía del Estado, “ve la tortura como parte normal de su trabajo en un sistema cuyo objetivo es extraer confesiones y crear miedo entre la población”.

Naciones Unidas y Amnesty International condenaron en informes publicados el año pasado “el persistente deterioro” de la situación de derechos humanos en Uzbekistán. El propio Departamento de Estado norteamericano, cuyos militares utilizan Uzbekistán como puente logístico para sus operaciones en Afganistán con la cooperación de la empresa de Gulnara Karimova, no ha podido evitar unirse al repudio general hacia el régimen uzbeco. En su más reciente informe sobre derechos humanos, el Departamento de Estado lamentó la situación en Asia Central en general, y en Uzbekistán muy en particular, señalando con especial énfasis el sistema estatal de trabajo forzado de niños en la industria del algodón.

Un informe a fondo (entre muchos) del Environmental Justice Foundation titulado Nación esclava cuenta que al menos un millón de niños, los más pequeños de 10 años, son anualmente sacados del colegio en septiembre por la policía y obligados a trabajar, como los esclavos del sur de Estados Unidos en el siglo XIX, en la cosecha del algodón. Es un trabajo muy duro y cada niño debe cumplir una cuota diaria en kilos. Muchos de ellos viven lejos de sus casas durante la cosecha, instalados en escuálidos campamentos. Malnutridos, muchos enferman. Las tierras son del Estado, cuyos jefes se llevan pingües beneficios. Uzbekistán es el tercer exportador de algodón del mundo e ingresa mil millones de euros anuales de las ventas de este producto, principalmente a Asia. (Varias grandes empresas de Occidente han boicoteado la compra de algodón uzbeco).

Andrew Stroehlein, experto en Uzbekistán del respetado think tank International Crisis Group, con base en Bruselas, dice que se trata de “un sistema masivo de explotación, casi seguro el ejemplo más grande de abuso sistemático de niños, dirigido por un Estado, en el mundo”. Zeromax, según Stroehlein, es una de las empresas que se enriquece con el algodón, la fuente de más ingresos para el régimen uzbeco.

Entrevistas con personas en Estados Unidos, Reino Unido y Bélgica que conocen de primera mano las operaciones comerciales del régimen uzbeco, entre ellos empleados de Naciones Unidas y exiliados uzbecos que huyeron de su país temiendo por sus vidas, retrataron al presidente Islam Karímov como el capo di tutti capi de una mafia compuesta de unas veinte familias cuyo objetivo es robar todo lo que hay para robar a los 28 millones de habitantes de su país.

Craig Murray, el ex embajador británico que ordenó el examen post mórtem de las dos personas hervidas vivas y autor del libro Asesinato en Samarcanda, señala a Karimova como la encargada en el régimen de sacar de su país el dinero que “la cruel y rapaz familia Karímov exprime de su gente”.

Gulnara Karimova es el brazo derecho de su padre. “Su control sobre Zeromax depende totalmente del apoyo del aparato estatal, todas cuyas agencias están a sus órdenes”, explicó un exiliado uzbeco que conoce de cerca cómo funciona la macroempresa con la que tratan Joan Laporta y el FC Barcelona. “Todos saben, claro, que detrás está siempre su padre, y de esta manera ha construido su imperio. Es lista y astuta”.

También, según una persona uzbeca que la conoce muy bien, es “caótica, temperamental y caprichosa: una niña malcriada que se enfurece si las cosas no salen exactamente como ella quiere”. La furia de Karimova tiene su precio. Scott Horton, un abogado estadounidense que ha trabajado para el Banco Mundial en Uzbekistán, dice que las consecuencias de no sucumbir a los caprichos adquisitivos pueden ser nefastas. “Si te llega a percibir como un enemigo, la consecuencia es que se te criminaliza, te encarcelan, torturan e incluso matan”.

En opinión de algunos analistas extranjeros, el objetivo de Karimova es suceder a su padre en la presidencia. Un uzbeco que la conoce muy bien discrepa: “Su plan es sacar todo el dinero que pueda de Uzbekistán y vivir una vida de glamour en Londres, Hollywood, Ginebra, Madrid y Barcelona”.

Parte de la oferta de glamour consiste en asociarse con el club de fútbol más glamuroso de la tierra, el FC Barcelona, cuyo presidente no ha querido hablar a EL PAÍS de su relación con ella, pero, según fuentes cercanas a él en Barcelona, tienen una conexión “estrechísima”. Por un lado, se han visto a menudo en, entre otros lugares, Tashkent, Barcelona, Ginebra y Milán, donde acudieron juntos a la Semana de la Moda en octubre del año pasado. Por otro, está el beneficio financiero que ha obtenido el Barcelona y Laporta de su acercamiento a la dudosa empresa que ella controla, Zeromax.

El bufete de abogados Laporta & Arbós actuó, como es conocido, a favor de Zeromax el año pasado en su intento de comprar el Real Club Deportivo Mallorca a comienzos de 2009. Laporta pretendió cobrar una comisión que, en caso de que se hubiera llevado a cabo la operación, le hubiera reportado unos cuatro millones de euros. La mediación de Laporta en este caso fue duramente criticada en los medios, y condujo a la renuncia de varios directivos del Barcelona, debido a la percepción de que se había aprovechado de su cargo como presidente del Barcelona con ánimo de lucro personal.

Bayram Tutumlu, que conoce a Laporta hace años y hace pocas semanas retiró una querella judicial contra él por supuesto incumplimiento de pago, dijo del presidente del Barcelona: “Está obsesionado por el dinero. Donde lo ve, aunque sea dentro de una piscina llena de tiburones, se tira”.

El problema más grave que ven varios antiguos directivos del Barcelona, algunos de ellos asociados en su día con Laporta, es que ha lanzado el propio club a los tiburones; ha hecho un serio daño a la imagen del club al asociarlo fraternal y comercialmente con el Bunyodkor, la expresión futbolística del Estado mafioso y abusador de niños sobre el que la familia Karímov ejerce un control férreo. El FC Barcelona es admirado en todo el mundo no sólo por su fútbol, sino también por haber desdeñado las ofertas de grandes multinacionales y haber optado por lucir en su camiseta el nombre de Unicef, “la agencia de Naciones Unidas que tiene como objetivo garantizar el cumplimiento de los derechos de la infancia”, según se define oficialmente.

En la página web del FC Barcelona se expresan sentimientos acordes con los que guían a Unicef. “El FC Barcelona es más que un club para muchas personas del resto del Estado español que vieron en el Barça un firme defensor de los derechos y las libertades democráticas… Hay que globalizar al Barça solidario y humanitario”.

Gracias a la conexión entre Laporta y Karimova, la extensión de la globalización solidaria y humanitaria del Barcelona a un régimen que está en primera fila de los violadores de derechos humanos del mundo ha provocado la ira de todos aquellos que luchan para que la situación de Uzbekistán sea más conocida en el mundo, y que se meta presión internacional al régimen Karímov.

Craig Murray, el ex embajador británico en Uzbekistán, lo expresó así: “Estoy absolutamente horrorizado. Es como haberse asociado con Adolf Hitler para promover un equipo de fútbol en Berlín durante los años treinta. Realmente es asombroso, incluso en el mundo loco por el dinero del fútbol, que se tenga los ojos tan cerrados a la moralidad”.

El cantante Sting se arrepintió, después de que la prensa cargara contra él, de su conexión uzbeca y reconoció que el presidente Karímov tenía una reputación “horripilante” en el terreno de los derechos humanos, declaración que provocó la furia de su amiga Karimova y condujo a la prohibición de sus canciones en las radios uzbecas.

Joan Laporta guarda silencio sobre su amistad y sus relaciones comerciales con el clan Karímov. Lo que sigue teniendo claro es el papel de su club como estandarte de los mejores valores humanos. En una entrevista con El Mundo en enero pasado, 16 meses después de que el régimen uzbeco le recibiera por primera vez con mucha pompa y gratitud, Laporta, que tiene aspiraciones políticas, declaró, sin la más mínima ironía: “El Barça encarna la épica que guía a la libertad a los pueblos sometidos”.

maiatza 10, 2010 Posted by | Kirola | , , | Utzi iruzkina

Como pulir un avión con piedra pómez a 900 kilómetros por hora

Lara Otero 2010-04-18 El País lotura

“Como pasar el avión por una piedra pómez”. Así describe un piloto experto en seguridad el efecto del encuentro de una aeronave con una nube de ceniza volcánica. La velocidad a la que vuela el avión (unos 900 kilómetros por hora en crucero) y el tamaño, en ocasiones diminuto, de las partículas de feldespato, cuarzo y otros minerales hace que el pulido sea intenso en las superficies del avión. La ceniza tapa los sensores que proporcionan información a los sistemas del avión. Además, el dióxido de azufre en la nube absorbe vapor de agua y se convierte en ácido sulfúrico, que corroe las superficies y crea microgrietas.

Lo más peligroso es el daño a los motores. Por un lado, la erosión en las palas del compresor reduce la eficiencia, y por otro la ceniza se funde con el calor de la cámara de combustión, formando una sustancia como el cristal, fundido o incluso sólido. Eso bloquea el flujo de aire, el motor se inflama y se cala.

Ese riesgo sólo se puede evitar con un seguimiento riguroso de los volcanes activos para alertar lo antes posible a las autoridades de navegación para que prohíban volar en las zonas afectadas. Porque los pilotos pueden no darse cuenta de que están entrando en una nube de ceniza: no siempre se aprecia a simple vista (y menos de noche) y además los radares de a bordo no detectan partículas tan pequeñas.

Las señales más habituales de que el avión se halla en una nube volcánica son el humo o polvo en la cabina, olor a azufre, luces brillantes en los bordes de los motores o la aparición del fuego de San Telmo (un resplandor de origen eléctrico) frente al cristal.

apirila 21, 2010 Posted by | Teknologia | , , , | Utzi iruzkina

Quien todo lo quiere puede quedarse sin nada

Lluís Bassets 2010-03-21 del alfiler al elefante, El País lotura
Netanyahu lo quiere todo, la paz, los territorios y la democracia. Pero es bien conocido el axioma: sólo cabe escoger dos de los tres términos. Tres son las combinaciones a que da lugar la elección. Si escoge la paz y la democracia, como desearían todos los amigos de Israel, optará por la entrega de los territorios, con los intercambios que haga falta para las colonias de mayor peso demográfico; y surgirá con ayuda de todos una Palestina al lado con unas fronteras seguras reconocidas por sus vecinos. Si escoge la paz y los territorios, deberá desposeer de derechos ciudadanos a los árabes que residan entre el Jordán y el Mediterráneo, para evitar que traduzcan su próxima mayoría demográfica en una mayoría política y así se convierta Israel en un estado binacional israelí-palestino, que termine con el sueño sionista. Si escoge los territorios y la democracia, posponiendo la paz, que es lo que está haciendo ahora, deberá seguir acrecentando su control militar sobre Cisjordania y cargando con el peso creciente del desprestigio internacional.

Son tres combinaciones, pero no tres salidas. El estado binacional es el fin de Israel. El sionismo y sus admiradores y amigos no pueden bendecirlo, aunque el cansancio, la sangre derramada y los efectos desestabilizadores del conflicto puedan erosionar su posición hasta convertirlos en partidarios de un único Estado para judíos y palestinos capaz de conservar la democracia. Era la posición de Hannah Arendt, que militó con el sionismo bajo la bota nazi pero tomó distancias con la creación de Israel en 1948. El Estado judío desde el Jordán hasta el Mediterráneo es insostenible en democracia y requiere de un régimen de abierto apartheid. Queda el actual estado de las cosas: una paz precaria; un Estado sin fronteras precisas ni reconocimiento de los vecinos; y una democracia erosionada por el trato crecientemente desigual que reciben sus propios ciudadanos árabes y por la discriminación que sufren los palestinos en su propio país, donde son expulsados y desposeídos para hacer hueco a cualquier ciudadano del mundo que se acoja a su identidad judía.

La única fórmula viable son los dos Estados, lo que significa devolver los territorios, Jerusalén-Este incluido, y regresar a las fronteras de 1967, con todos los matices y retoques que exige la sensatez negociadora. Cuanto más se aleja el Gobierno de Israel de esta salida única más se incomodan sus amigos y se alejan sus aliados. También se va acercando este momento crítico, diez o quince años, en que la demografía jugará en contra del sionismo. Ni el sistema electoral ni el protagonismo de los colonos y sus partidos ayudan a realizar el paso dramático pero obligado hacia la paz. Y lo grave es que si se renuncia a la paz, luego la vida obligará a renunciar a la democracia y finalmente a los territorios.

martxoa 21, 2010 Posted by | Iritzia, Politika | , , , , , | Utzi iruzkina

Sin humo no se hunde el bar

Elena G. Sevillano 2010-01-19 lotura

Los hosteleros vaticinan un desastre por la prohibición de fumar, pero la experiencia en otros países lo desmiente.

Una debacle se cierne sobre el negocio de la hostelería en España: se cerrarán casi 40.000 locales y, con ellos, se perderán 100.000 empleos. Bares, restaurantes y lugares de ocio ingresarán menos dinero; muchos clientes no pondrán un pie en los establecimientos y, si lo hacen, consumirán menos. Ése es, al menos, el pronóstico que hace la Federación Española de Hostelería y Restauración (FEHR) con respecto a la reforma de la ley antitabaco que tiene en cartera la ministra de Sanidad, Trinidad Jiménez. La prohibición total de fumar en cafeterías y restaurantes en 2010 llevará a la ruina a buena parte del sector, aseguran. Sanidad discrepa y muchos estudios, también: las leyes antitabaco no han tenido consecuencias económicas negativas en otros países, aunque en alguno coincidió con procesos de ajuste en el sector que responden a distintas causas.

Los ‘pubs’ británicos culpan de su crisis a la subida de los impuestos

Un 10% de los italianos afirma que va más a los bares tras la prohibición

Los hosteleros acusan a la ministra de no enseñarles esos informes. “Lo que dice no es verdad”, afirma tajante su adjunto a la presidencia, José Luis Guerra. La federación aporta sus propios datos: en Irlanda, cuya prohibición data de marzo de 2004, cerraron uno de cada cuatro bares entre 2003 y 2007 y el número de hoteles y restaurantes cayó un 16,4%. La estadística es correcta y, proviene del INE irlandés, pero sólo da números, no causas. “Los años coinciden; a mí me parece una hipótesis muy plausible”, esgrime Guerra. Y apunta más cifras negativas. La Asociación Británica de Cerveza y Pubs (BBPA, en sus siglas en inglés) informó en diciembre de que cada semana cierran 11 pubs en Londres. Guerra lo achaca a la prohibición del tabaco, pero lo cierto es que la propia BBPA, cuyos miembros venden el 98% de la cerveza en el Reino Unido y poseen dos tercios de los 54.000 pubs del país, culpan sobre todo a su Gobierno por haber aumentado un 8% el impuesto sobre la bebida. Pero los hosteleros españoles insisten: “No lo tenemos documentado, pero los empresarios nos dicen lo que está pasando en otros países. Le pedimos a la ministra que sea seria, que haga un estudio de verdad”, dice Guerra.

Quien sí realizó un informe en octubre pasado fue el Comité Nacional para la Prevención del Tabaquismo, una organización que engloba a 40 sociedades científicas (cardiología, neumología, pediatría…). Se titula Impacto económico de la regulación del consumo de tabaco en el sector de la hostelería y recopila varios estudios independientes y estadísticas oficiales. Su conclusión: “Las predicciones de las organizaciones de hostelería sobre el impacto de las prohibiciones de fumar se han demostrado fallidas en todos los países en que han entrado en vigor leyes de locales libres de humo”.

Un artículo de Fenton Howell, del Royal Collage of Physicians de Irlanda, aseguraba en 2005 que los pronósticos agoreros de los empresarios irlandeses -allí también dijeron que sus ventas caerían un 25%- fueron “totalmente erróneos”. El autor citaba datos oficiales: las ventas en los bares descendieron ligeramente durante los primeros nueve meses, pero después volvieron a subir.

El 31,5% de los españoles mayores de 16 años se declaran fumadores, según la Encuesta Europea de Salud 2009. Son más -un 6,68% más- que cuando entró en vigor la ley actual (enero de 2006). Los que apoyan la prohibición total son un 56%, según una encuesta reciente de Clima Social de Metroscopia. A ese dato también responden los hosteleros: “Los ciudadanos piensan que en Europa está absolutamente prohibido fumar y que España es una excepción, y eso no es cierto. El ministerio está haciendo una labor de contrainformación”, critica Guerra.

Los restauradores apelan a la “cultura social”, típicamente española, que “relaciona la restauración y el tabaco”. Aseguran que el consumidor fumador es más asiduo que el no fumador. Los hábitos españoles -con un establecimiento de restauración por cada 132 habitantes frente a los 365 de Irlanda, por ejemplo- no se pueden comparar con los de los europeos, vienen a decir.

Quizá sí con Italia, que prohibió fumar en todos los locales públicos en 2005, aunque permitió separar salas de fumadores cumpliendo unas condiciones muy rigurosas. Un estudio realizado tres años después por investigadores del Istituto di Ricerche Farmacologiche Mario Negri (Milán) demostró que más del 80% de los italianos creían que la ley se estaba respetando en bares y restaurantes. Un 10% aseguró también que, tras la prohibición, frecuentaban más los cafés y restaurantes. El estudio, publicado en la revista Journal of Epidemiology and Community Health, concluye que “en Italia, la legislación antihumo no afectó al negocio de bares y restaurantes y sigue respetándose mayoritariamente”.

Estados Unidos, pionero en aprobar este tipo de leyes a nivel local y estatal (aún no existe una ley federal), lleva dos décadas estudiando el tema. La revista de la American Cancer Society publicó en 2007 un trabajo de dos profesores de Salud Pública en el que concluyen que las leyes antihumo son “seguras, baratas y efectivas” y, sobre todo, “no tienen un impacto económico negativo”. Por ejemplo, el empleo en restaurantes de Nueva York aumentó un 18% tras la prohibición de fumar en 1995.

La ministra de Sanidad no quiere ponerse plazos para que la nueva ley entre en vigor. Asegura que antes quiere consensuarla. “Los efectos en otros países han sido nulos o, en algún caso, positivos; muy alejados de las previsiones catastrofistas de empresarios y otros colectivos”, aseguran desde el ministerio, que insiste en el “beneficio social” de la norma para la salud y en su “coste cero”. Pero los hosteleros avisan: no van a quedarse de brazos cruzados.

Algunos, como la Federación Catalana de Asociaciones de Actividades Recreativas Musicales, han empezado a recoger firmas contra el endurecimiento de la ley. Como el Club de Fumadores por la Tolerancia, que lo hace a través de Internet. “El sector de la hostelería es muy importante en este país; supone algo más del 6% del PIB”, dice Guerra. “Estamos dispuestos a colaborar para conseguir una sociedad sin humos, pero hay que conciliar, no podemos arruinarnos en el tránsito”.

urtarrila 19, 2010 Posted by | Soziologia | , , | Utzi iruzkina

Final de idilio

Antonio Caño 2010-01-17 El País lotura

Al cumplirse un año de la presidencia de Obama, la excitación se ha diluido y prevalece un sentimiento de oportunidad perdida. Pero el saldo de su gestión es favorable: EE UU está hoy mejor que en enero de 2009, y el nuevo Gobierno ha recuperado prestigio y autoridad

Todo estallido de pasión, individual o colectivo, concluye en la añoranza, frecuentemente en la decepción y, todo lo más, en la calma.

Obama ha perdido más de 20 puntos de popularidad y ha bajado incluso del 50% de aprobación

Tal vez, como sugieren algunos obamanólogos, Obama sea demasiado civilizado para el cargo que ocupa

El caso de Barack Obama no es diferente. Su victoria electoral provocó una marejada de entusiasmo pocas veces vista. Se depositaron en él expectativas sobrehumanas imposibles de satisfacer. Se le creyó capaz de un cambio, como quiera que cada uno lo entendiera, que equivaldría al renacimiento de nuestra sociedad hipócrita y desmoralizada. Se le atribuyeron poderes especiales y se esperaba que desde su sillón en el Despacho Oval emitiera la señal que la humanidad necesitaba para la salvación. Este país religioso que en cada presidente cree ver la llegada del Mesías alcanzó el paroxismo con Obama, y el mundo, ansioso de liderazgo y harto de George Bush, se contagió sin reservas.

Pasado el tiempo, al cumplirse un año de su toma de posesión como presidente de Estados Unidos, esa excitación se ha esfumado y el sentimiento que hoy prevalece es el de una oportunidad perdida.

El antiguo fervor sólo sobrevive apenas en algunos grupos de fieles entre la comunidad afroamericana. Los carteles con su rostro, que un día se cotizaron alto en las mejores galerías del país, son ahora material de descuento en tiendas para turistas. Su biografía ha dejado de dominar las estanterías de las librerías, donde ahora arrasa la aciaga memoria de Sarah Palin.

La derecha ha recuperado la iniciativa política, los conservadores vuelven a ser el grupo ideológico mayoritario del país y el Partido Republicano es el favorito para obtener la mayoría parlamentaria en las próximas elecciones. El intento de bipartidismo naufragó ante la primera ola, el clima político sigue siendo dolorosamente áspero y los ciudadanos otra vez reflejan mayoritariamente en las encuestas su pesimismo sobre el rumbo en que camina el país.

Ese panorama no es, sin embargo, el resultado necesario de la mala gestión de Barack Obama. El saldo de su primer año es, paradójicamente, bastante favorable. Estados Unidos está hoy mejor que en enero de 2009 y, aunque algunas de las causas de tensión mundial subsisten, el nuevo Gobierno ha recuperado prestigio y autoridad para desarrollar su política exterior con el respaldo internacional conveniente.

En el orden interno, la amenaza de colapso que se cernía sobre la economía norteamericana ha desaparecido. El sistema financiero se ha recuperado. Los bancos han devuelto, en su mayor parte, el dinero que el Estado les entregó para su salvación y hoy vuelven a hacer negocio. Las empresas se van recuperando poco a poco de su letargo, incluso la maltrecha industrial del automóvil, que, con ayuda del Gobierno, ha empezado la reestructuración que requería y presenta ya beneficios. La Bolsa asciende como reflejo de las predicciones optimistas que, aunque de forma moderada, emiten los analistas. Incluso aceptando que el plan de estímulo de cerca de 800.000 millones de dólares aprobado el pasado febrero no haya tenido un impacto decisivo en la mejora de la situación, el Gobierno merece una parte del crédito por lo conseguido.

En el ámbito internacional, esencialmente se ha roto el aislamiento en el que Estados Unidos había caído durante la anterior Administración y se han establecido las bases para la cooperación con Rusia y con China y para un mejor entendimiento con la Unión Europea de cara a Irán y Oriente Próximo. Se ha eliminado el maniqueísmo que lastraba la guerra contra el terrorismo y se han robustecido los argumentos norteamericanos con la abolición de las medidas que enturbiaban su sistema democrático.

En condiciones normales, este balance sería suficiente para reconocer una buena actuación. Pero no es así. Obama ha perdido más de 20 puntos de popularidad en estos 12 meses y ha bajado incluso del 50% de aprobación en una encuesta de la cadena CBS esta misma semana. Desde todos los ángulos de la escena política se dispara en su contra. La derecha le acusa de haber socializado la economía del país, la izquierda le critica por la guerra de Afganistán y por no haber podido aún cerrar Guantánamo, y los independientes están decepcionados por la exacerbación de la lucha partidista.

Cada uno puede encontrar un asunto en el que Obama le ha fallado, aunque éstos sean a veces contradictorios. Donde los conservadores ven la prueba de que la nación se precipita hacia el comunismo, los liberales observan el ejemplo de que Obama se ha entregado a los grandes intereses de siempre. De extremo a extremo, el estado de opinión se radicaliza por minutos en unos medios de comunicación cada día más expuestos a la precipitación y la superficialidad.

Es lo que Paul Starr, profesor de Sociología de la Universidad de Princeton, llama “gobernar en la era de Fox News”, la cadena de televisión conservadora. “Cuando Walter Cronkite es sustituido por Glenn Beck (el titán ultra de la Fox) y Keith Olbermann (su equivalente izquierdista en MSNBC), el liderazgo político pierde a un socio imprescindible en la construcción del consenso. Éste es el problema al que hace frente Obama”, afirma Starr.

El largo debate sobre la reforma sanitaria es el paradigma de lo que ha ocurrido este año. Aún pendiente de ratificación por la comisión mixta Senado-Cámara de Representantes, no es exagerado decir que incluso la versión más modesta de esta ley constituye un paso de gigante para el sistema de salud de Estados Unidos. La garantía de un seguro de salud a más de 30 millones de personas que ahora no lo tienen por carecer de los recursos para pagarlos o por padecer enfermedades crónicas que los hace inadmisibles para las compañías representa un hito extraordinario. Jonathan Cohn, el especialista de la revista New Republic, lo considera “la pieza legislativa más importante en una generación”. Es un éxito que, como ocurrió en su día con la Seguridad Social o con los derechos civiles, debería de estar fuera de toda discusión.

Sin embargo, no es así. El debate sobre la reforma sanitaria, probablemente mal dirigido por la Casa Blanca y burdamente manipulado por la oposición, es la batalla en la que se han forjado los peores estereotipos sobre Obama y en la que éste ha perdido la mayor parte de su crédito. Si ahora, una vez que lo más difícil de ese debate ya ha pasado, no se corrigen las impresiones creadas, esta iniciativa puede acabar siendo, como advierte la escritora y columnista Peggy Noonan, “una victoria desastrosa”.

En opinión de Noonan, Obama cometió un error al priorizar la aprobación de la reforma sanitaria en un momento en el que la preocupación del público estaba centrada exclusivamente en la falta de puestos de trabajo. Sea o no así, lo cierto es que actualmente sólo el 36% de la población, según la encuesta de la CBS, respalda esa legislación, frente al 54% que la rechaza.

Para la derecha, esta iniciativa es el ejemplo del modelo de economía centralizada e intervencionista, al estilo socialista, que el presidente quiere imponer. Para la izquierda, la ley aprobada el día de Nochebuena por el Senado es la culminación de una política entreguista por parte de Obama y una traición al cambio prometido. Arianna Huffington, uno de los emblemas progres del país, ha dicho que se trata de “una reforma sólo en el nombre”. El ex presidente del Partido Demócrata y ex candidato presidencial Howard Dean pidió a los congresistas votar en contra. Ralph Nader ha llegado a considerarla “un producto del Tío Tom”.

Todos ellos pasan por alto los méritos de una legislación que, según el cálculo hecho por Harold Pollack, profesor de la Universidad de Chicago, entregará cada año subsidios para ayudar a las familias a pagar sus seguros de salud por valor de 196.000 millones de dólares, que es más de lo que el Estado aporta actualmente en todos sus programas de asistencia social.

Quizá toda esta discrepancia entre los hechos y las percepciones sea consecuencia de la excitación en medio de la cual Obama asumió la presidencia. Quizá Obama está simplemente siendo víctima de la pasión que él mismo generó. Ciertamente, la misma energía que lo llevó hasta la Casa Blanca ha servido para revitalizar en su contra a las bases conservadoras que hoy agitan con éxito entre la América profunda con los llamados tea party. Sobre ese movimiento está construyendo Palin y su grupo del Partido Republicano la estrategia para la reconquista del poder.

Si es así, si Estados Unidos vive bajo el ofuscamiento propio de la pasión, el juicio sobre la presidencia de Obama podría ser más ponderado con el paso del tiempo. Un año, en todo caso, no es tiempo suficiente para calificar una gestión de gobierno. Es un plazo, como el de los cien días, útil para los periodistas, pero, como afirma David Greemberg, profesor de Rutgers University, insuficiente para los historiadores. “Ninguno de los presidentes que han servido a Obama como modelo -Lincoln, Roosevelt o Kennedy- consiguió en su primer año marcar la dirección de su presidencia. Los cambios no ocurren de la noche a la mañana”, afirma Greemberg.

Los cambios, apuntan distintas fuentes en el entorno de Obama, comenzarán a notarse a partir de ahora, cuando decrezca la fricción por el asunto sanitario, cuando la mayor creación de empleo alivie la angustia ciudadana y, sobre todo, cuando se reduzca la expectativa de resultados inmediatos.

Será el momento entonces de conocer de verdad qué tipo de presidente es Obama. Hasta ahora el polvo levantado por el impacto de su elección no ha permitido ver con claridad el fondo de su personalidad y de sus recursos como gobernante. Algunos apuntes han surgido, no obstante.

El primero: es un hombre muy reflexivo. Tardó meses, por ejemplo, en tomar la decisión de reforzar con 30.000 soldados más la campaña en Afganistán. Y prudente. Ha mantenido un difícil equilibro entre la presión popular contra Wall Street y la necesidad de proteger el sistema financiero. “En contraste con la generación de Twitter que apoyó su campaña, él no cree que su primera idea es la mejor idea. Tiene una preferencia académica por la precaución”, opina la periodista y editora Tina Brown.

Este primer año ha revelado también a un político esencialmente pragmático que cree que el mejor logro es aquel que es posible obtener. “No convirtamos lo mejor en enemigo de lo bueno” es una frase que Obama ha repetido en la polémica sanitaria, en la cumbre del clima o en las negociaciones entre israelíes y palestinos. “No es una figura de arcilla ideológica, es un personaje que prefiere hacer cosas y dejar que otros moldeen su imagen. No porque no sea bueno para eso, es que, en un universo político de ideológicos vociferantes, él carece tanto de la ideología como del instinto de hacerles frente”, opina el columnista Richard Cohen.

Por eso la izquierda se siente tan decepcionada con un presidente que, pese al fracaso del bipartidismo, se niega a gobernar contra la mitad del país. Y por eso la derecha ha tenido que recurrir a sus argumentos más bajos y pueriles, el del racismo y el de la amenaza bolchevique, para intentar neutralizar a un presidente imbatible en el intercambio civilizado de ideas.

Tal vez, como sugieren algunos de los emergentes obamanólogos, Obama sea demasiado civilizado para el cargo que ocupa. Tal vez su estilo didáctico y sus cualidades oratorias, fabulosas para una campaña electoral, no se avienen con las exigencias de su terrible puesto.

Tal vez. Pero es más cierto que el perfil de una presidencia se va moldeando con el ejercicio del poder. Como el propio Obama dijo en 2006, “no creo que nadie sepa lo que es ser presidente hasta que se es presidente”. O, como afirma el profesor Greemberg, “los verdaderos logros de una presidencia ocurren cuando hay que combatir contra tempestuosos vientos de cara”.

Ahora soplan esos vientos. Soplarán más fuertes aún en las elecciones legislativas de noviembre. Esos vientos medirán la entereza de esta figura esbelta que cautivó al mundo. Esos vientos, que ya se han llevado la pasión desatada en las calles el 20 de enero de 2009, probarán ahora si Obama es el presidente transformador que la historia americana produce una vez en cada generación o una efímera figura de YouTube.

urtarrila 17, 2010 Posted by | Politika | , , , | Utzi iruzkina

Parábola de Rodríguez Ibarra y las naranjas

ANTONIO MUÑOZ MOLINA 2010-01-07 El País lotura

(“Fregonas y maletas de ruedas” artikuluari erantzunez) lotura El País lotura hemerotekari

El señor Rodríguez Ibarra, presidente jubilado de la Junta de Extremadura, dedica una parte de su ocio a informarnos sobre el funcionamiento del mundo moderno desde la irrupción de Internet. El señor Rodríguez Ibarra, para que podamos comprender sus enseñanzas, nos las presenta en forma de parábolas, un poco a la manera del mensaje evangélico, o como los maestros antiguos nos explicaban la aritmética, con ejemplos claros y simples, peras o manzanas, fregonas o maletas. El señor Rodríguez Ibarra nos comunica así su más reciente descubrimiento (EL PAÍS, 5-1-2010): la originalidad creativa no existe, porque toda invención se apoya en otras anteriores, de modo que reclamar propiedad intelectual o querer cobrar por un trabajo relacionado con ella es un fraude. También ha descubierto, y así nos lo informa, que cuando va a la frutería y quiere comprar dos kilos de naranjas, le parece ilícito que el frutero quiera cobrarle además unos melones y no sé qué más fruta. El señor Rodríguez Ibarra ha salido a pasear y se ha comprado dos kilos de naranjas y sólo quiere pagar esa fruta, tan rica en vitaminas.

Si este señor se marcha sin pagar sus dos kilos, descubrirá que el frutero irá tras él llamándole ladrón

Hay quien ha pagado impuestos para que en el parque haya un banco y una estatua

Aplicando su parábola sobre la originalidad, quizás deduzca también que el frutero no es el único causante de la existencia de la fruta, ya que ésta ha llegado a la frutería traída por un transportista, y antes de eso fue cultivada por un agricultor.

El señor Rodríguez Ibarra probablemente no discutirá el derecho de ninguno de estos ciudadanos a recibir una remuneración a cambio del trabajo en el que cada uno ha contribuido para que los dos kilos de naranjas lleguen a su bolsa. Claro que, igual que no quiere pagar melones o berenjenas, a no ser que haya decidido soberanamente comprarlos, también discutirá la conveniencia de abonar la parte del precio que no corresponde a las naranjas en sí, sino, digamos, a la gasolina que el transportista gastó para llevarla, o a la electricidad gracias a la cual el frutero ilumina tan atractivamente su puesto.

El señor Rodríguez Ibarra sólo quiere, en principio, pagar por sus naranjas. Nada más humano. También quiere pagar sólo una canción del último disco del maestro Sabina, según él mismo dice, concretamente la titulada Tiramisú de limón. Las otras parece que no le gustan, o no tanto como para pagar por ellas. ¿Eliminará también la parte correspondiente al trabajo de los músicos, o de los técnicos de sonido? Al señor Rodríguez Ibarra sólo le parece bien pagar por aquello que efectivamente se lleva. Quizás el frutero debería descontarle de las naranjas el peso de las cáscaras, o de las semillas, porque éstas no suelen ser comidas. Como el señor Rodríguez Ibarra fue durante tantosaños presidente de la Junta de Extremadur, podría uno preguntarse si no se le habría debido descontar de su sueldo, que imagino generoso, la parte de su vida no exactamente dedicada al bien de los ciudadanos. Sus horas de sueño, o de asueto, o aquellas que dedicó a comidas oficiales de grato recuerdo, pero tal vez de insuficiente resultado práctico.

Todo esto sin mencionar que el señor Rodríguez Ibarra ahora se encuentra jubilado y con tiempo suficiente para comprar fruta y dar largos paseos y mirar estatuas en las plazas e iluminarnos sobre la sociedad de la información y, sin embargo, sigue cobrando una paga que imagino digna, a pesar de que ya no dedica sus desvelos al bien de su comunidad y, por extensión, de todos nosotros.

A mí, por ejemplo, me gustaría ser tan selectivo en mis gastos ciudadanos como el señor Rodríguez Ibarra lo quiere ser en sus compras de fruta o de canciones. Me gustaría no pagar con mis impuestos, indiscriminadamente, a toda la innumerable casta de los políticos españoles, retirados y en activo, sino tan sólo a aquellos que me parecen honrados, o que no practican la más barata demagogia. Modestamente, sin que nadie me haya pedido permiso, contribuyo a la pensión del señor Rodríguez Ibarra, y hasta habrá una parte ínfima de mis ingresos que haya derivado hacia esas ya célebres naranjas, o hacia la adquisición de ese disco del maestro Sabina que el señor Rodríguez Ibarra no quiere comprar completo.

Incluso pagar por Tiramisú de limón, gustándole tanto, le parece injusto al señor Rodríguez Ibarra. Una canción, nos explica, proviene de otras muchas canciones. Gran hallazgo. En algunos el parecido está tipificado como delito. Se llama plagio. Una naranja no ha crecido en la frutería. Pero si el señor Rodríguez Ibarra se marcha sin pagar sus dos kilos descubrirá que el frutero irá tras él llamándole ladrón. Una canción viene de otras canciones y también de mucha gente que ha trabajado para que llegue a su estado final: casi tanta como la que se necesita para que las naranjas aparezcan en la frutería del señor Rodríguez Ibarra.

El señor Rodríguez Ibarra, como tranquilo jubilado, nos informa de que, aparte de comprar naranjas, también va a un parque y se sienta en un banco y mira a una estatua. Al señor Rodríguez Ibarra le parece incongruente que alguien quiera cobrarle por mirar la estatua. Al señor Rodríguez Ibarra que le quisieran cobrar por mirar la estatua le irritaría tanto como que hubiera que pagar para sentarse en el banco. Hay que pagar, no obstante. Impuestos. Por sentarse en el banco, porque haya una estatua hacia la que mirar y por tener un pavimento adecuado para que puedan caminar por él sin peligro las personas jubiladas o no, y para que exista una policía que, en caso de que un escéptico sobre los derechos de propiedad quisiera robarle con malos modos al señor Rodríguez Ibarra sus dos kilos de naranjas, persiga al delincuente.

Los bancos, las estatuas, los parques, la seguridad, no son bienes gratuitos. Son tan caros de mantener como todo lo que damos por supuesto sin reflexionar sobre su valor, como la sanidad pública o la educación pública; y como la clase política a la que pertenece el señor Rodríguez Ibarra. Y si esos bienes existen es gracias a algo de lo que dicho señor ya está disculpado, el trabajo. El trabajo de quien compone una canción o el de quien barre una calle o imprime un libro o el que instala un banco o el del kiosquero que se levanta antes del amanecer para vender el periódico en el que se publica este artículo y los del señor Rodríguez Ibarra, o el del fabricante o el transportista o el ingeniero o el programador que han hecho posible que nuestros artículos puedan ser leídos gratis en un ordenador; la suma de inteligencia, perseverancia y variadas destrezas que se confabulan en cualquier empeño memorable, el que hay detrás de una orquesta o de una película, de una función teatral o una escuela o un hospital.

No hay nada valioso que no sea fruto del trabajo de alguien. El señor Rodríguez Ibarra duda de que el derecho a la propiedad intelectual sea de izquierdas. Cabría preguntarle si, como socialista, considera que el trabajo merece o no ser remunerado con justicia.

Antonio Muñoz Molina es escritor.

urtarrila 10, 2010 Posted by | Iritzia, Kultura | , , , | Utzi iruzkina

Fregonas y maletas de ruedas

Juan Carlos Rodríguez Ibarra 2010-01-05 El País lotura

Hubo alguien que inventó la fregona para, en el tiempo del machismo recalcitrante, poner a la mujer de pie en lugar de rodillas a la hora de fregar el suelo, y también existió alguien que inventó la maleta de dos ruedas que hoy usa casi todo aquel que se decide a emprender un viaje para evitar un sobreesfuerzo en su traslado. Ambos inventos vinieron precedidos de otras cuatro genialidades: algunos inventaron el palo, otros el trapo, otros la rueda y otros la maleta. La ocurrencia del de la fregona y del de la maleta de ruedas consistió en unir en un mismo artefacto el palo y el trapo por una parte, y las ruedas y la maleta por otra. Ante esto cabe preguntarse razonablemente: ¿le corresponde algún tipo de propiedad intelectual al inventor de la fregona y al inventor de la maleta de ruedas? Sus creaciones no surgieron de la nada, puesto que unieron dos cosas que ya existían y que, antes que ellos, alguien inventó. Y siguiendo el razonamiento, seguro que antes del de la rueda o del de la maleta, del trapo o del palo, ya hubo alguien que inventó algo que sirvió para que esos artilugios pudieran mezclarse.

Chirría escuchar a algunos creadores hablar de su propiedad dañada por la piratería informática

¿Cuánto tardarían en surgir mil páginas en Internet por cada una que se cerrara?

Eso que acabo de describir y que permite discutir, cuando no negar, la propiedad intelectual, no ocurre sólo con esos inventos, sino que es la forma que tiene la humanidad de acercarse al proceso de creación. Por eso, resulta chirriante escuchar a algunos creadores musicales y cinematográficos españoles cuando hablan, hasta la náusea, de sus creaciones y de su propiedad intelectual, dañada, según ellos y la SGAE, por la piratería informática. ¿Acaso cuando alguien compone una balada, de cuya autoría reclama la propiedad intelectual, no está creando algo sobre creaciones anteriores o contemporáneas a él? ¿No hubo antes que él alguien que escribió la primera balada de la historia? Es imposible imaginar que una creación de ese tipo se sostiene sobre la nada o sobre el vacío. Cuando alguien compone una melodía del tipo que sea, ¿no está influido por todo lo que ha escuchado, leído y visto a lo largo de su vida? ¿Es que la creación cultural no es acaso la forma recurrente que tenemos de hacer las cosas? ¿Alguien puede decir que lo que ha creado no es el producto de sus influencias? Una película de cine, ¿no es la consecuencia de las miles de películas de cine que se han creado a lo largo de la historia? ¿De qué propiedad intelectual nos están hablando los que hablan de esa forma? Lo que yo estoy escribiendo en este momento, ¿no es la consecuencia de lo que hablan y razonan millones de personas? ¿Cuáles son los derechos que me corresponden como autor de un escrito que es la consecuencia de la influencia de miles de escritos y reflexiones? ¿Entrecuántos tendría que repartir mis derechos de autor?

Lo que escribo en este instante lo estoy haciendo en un banco de un parque que ha sido diseñado por un arquitecto. Quienes se dedican al ejercicio de la arquitectura también tienen reconocida la propiedad intelectual. Enfrente de donde estoy sentado, miro y observo una escultura, propiedad intelectual de un escultor que se la vendió al Ayuntamiento de la ciudad en la que vivo. Escribiendo en el parque y mirando la escultura me he acordado de las cosas que dijeron algunos creadores, hace unas semanas, a las puertas del Ministerio del Cultura del Gobierno de España y he pensado que, siguiendo sus razonamientos sobre los derechos de autor y la propiedad intelectual, alguien debería venir a cobrarme unos euros por estar disfrutando del espacio que un arquitecto creó y por mirar la escultura que un escultor ideó y modeló. No diré cuántas veces he mirado la escultura, no vaya a ser que la SGAE me denuncie por haber mirado más veces de las que podría ser entendido e interpretado como un acto de piratería visual. ¿Por qué los arquitectos y los escultores no cobran sus derechos de autor cuando usamos o miramos los espacios y las esculturas por ellos creados y sí hay que pagar por usar o mirar las canciones o las películas realizadas por otro tipo de creadores?

He dejado este escrito para mañana y me he pasado por una frutería a comprar dos kilos de naranjas; el frutero sólo me ha cobrado por lo que he pedido y no ha tenido la ocurrencia de pretender venderme dos kilos de melones, un kilo de limones y tres kilos de manzanas, aunque yo sé que el frutero tiene un huerto en el que cultiva todos esos productos. Me ha servido lo que le he pedido y he pagado religiosamente. A continuación, he pasado por una tienda de discos y he pedido que me vendieran la canción de Joaquín Sabina, Tiramisú de limón, pero, a diferencia del frutero, el dependiente ha pretendido que le comprara 13 canciones más que, por lo visto, es toda la producción del huerto musical de Sabina en la temporada del año 2009. Y no sólo lo pretendía, sino que además quería cobrarme algo más de veinte euros por un estuche de plástico con un disco dentro. Me he negado a llevarme toda la producción del maestro, porque a mí sólo me gusta Tiramisú de limón. El dependiente no entendía lo que yo le decía y yo no entendía lo que me decía él; debe de ser que yo emigré a la sociedad virtual, que no necesita formato para disfrutar de un hecho cultural, y él sigue en territorio analógico, donde la realidad es sólo física. ¡Vamos, que si le digo que le voy a enviar un correo, seguirá pensando que en una semana recibirá una carta mía envuelta en un sobre de papel, con un sello postal y un matasellos!

Si la propiedad intelectual es discutible e incluso se puede negar desde una concepción de izquierdas, no niego que, por juntar palabras que no son nuestras o por unir imágenes que tampoco lo son, se tenga derecho a recibir algún tipo de remuneración en forma de lo que se conoce como derecho de autor, y para ello mi propuesta es la siguiente: 1. Tomar como punto de referencia el importe de ingresos por compensación por copia privada que se ha recaudado con la legislación vigente en los últimos tres años. 2. Que esa cantidad, con las sucesivas actualizaciones, sea garantizada por el Estado para la industria cultural nacional. 3. Que esa cantidad sea repartida entre los creadores de forma transparente, es decir, que se haga en función de los ingresos declarados por venta de sus obras en las respectivas declaraciones de la renta. 4. Que en la declaración de la renta de todos los ciudadanos figure una casilla para destinar una parte de los impuestos a compensar la copia privada.

Los creadores de la SGAE no deben tener miedo a que en cuatro o cinco años se acabe la creación artística. Nunca ha habido una época en la historia de la humanidad donde la creación haya sido tan prolija como en la actualidad. Lo que ocurre es que, en la actualidad, la realidad es física y virtual; cuanto antes se entienda, mejor. En una sociedad en la que un chico de quince años es capaz de introducirse en los archivos del Pentágono norteamericano con su ordenador, ¿cuánto tiempo calcula la Ministra de Cultura que iban a tardar en aparecer mil páginas en Internet por cada una que cerrara una comisión ministerial o un juez?

Juan Carlos Rodríguez Ibarra es ex presidente de la Junta de Extremadura.

urtarrila 10, 2010 Posted by | Iritzia, Kultura | , , | Iruzkin 1

Viva la infraestructura (haga falta o no)

PATRICIA M. LICERAS 2009-12-16 El País lotura

Todas las líneas del AVE tendrán en un futuro parada en el aeropuerto madrileño de Barajas, comunicado con la capital por metro, autobús y, desde el año que viene, también por trenes de cercanías. “No es necesario. ¿Qué se va a ganar? ¿Cuántos usuarios que cojan el AVE van a viajar luego en avión como para justificar la inversión en un tramo de tren de alta velocidad sin continuidad?”, se pregunta Edelmiro Rúa, presidente del Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos.

Las radiales no han logrado aliviar el tráfico de entrada y salida de Madrid

Gregorio Izquierdo: “Toda obra pública debe tener una utilidad real”

“Algunos políticos crean necesidades ficticias”, dice Edelmiro Rúa

España tiene un gran déficit en obras relacionadas con el medio ambiente

La construcción de infraestructuras de transporte -carreteras, AVE, aeropuertos, puertos-, junto con la de viviendas, ha sido uno de los principales motores de la economía española en las últimas décadas. Desde finales de los años noventa, estas infraestructuras de transporte han experimentado un gran crecimiento. En 2012 se prevé que España sea el primer país del mundo en líneas de alta velocidad en servicio y el primero de la Unión Europea en kilómetros de autovías. Con la crisis, el Estado sigue realizando y programando grandes y pequeñas obras en un intento de amortiguar la destrucción de puestos de trabajo. Pero, más allá del empleo y beneficio que genera su propia construcción, ¿son todas necesarias?, ¿hacen falta?

“Una infraestructura sólo está justificada si cumple el objetivo de eficiencia”, afirma Antonio Serrano, catedrático de Urbanística y Ordenación del Territorio de la Universidad Politécnica de Valencia.

En 1998, la única estación del AVE a su paso por Guadalajara fue construida, en lugar de en esta ciudad, como cabría pensar, en la pequeña localidad de Yebes, a 13 kilómetros. Su construcción costó 10 millones de euros y únicamente la usan 15 personas al día.

“Las infraestructuras no son un fin, sino un medio: hay que acometerlas si tienen una utilidad real, cuando hay una relación coste-beneficio”, señala Gregorio Izquierdo, director del Servicio de Estudios del Instituto de Estudios Económicos (IEE).

En Madrid, las autopistas radiales de peaje (R-2, R-3, R-4 y R-5) se construyeron para descongestionar el tráfico de las sobrecargadas autovías por las que discurren paralelas (A-2, A-3, A-4 y A-5). Sin embargo, no han logrado su objetivo hasta la fecha. Un día normal, unos 10.000 vehículos circulan por la R-2 en el tramo que enlaza la M-40 con la M-50, frente a los cerca de 112.000 que transitan por la A-2, según datos del Ministerio de Fomento. “El usuario no tiene en cuenta el ahorro de tiempo y gasolina que suponen, se queda sólo con la idea de que tiene que pagar 10 euros por sesenta kilómetros”, asegura Edelmiro Rúa.

“Estas autopistas se hicieron para calificar suelo, que ha sido el negocio especulativo de este país durante años y años”, manifiesta Antonio Serrano, ex secretario general de Territorio y Biodiversidad del Ministerio de Medio Ambiente.

“Las radiales no son inútiles, lo que pasa es que su valoración se está haciendo en el corto plazo. La R-4, por ejemplo, es a 65 años. Por esa regla de tres, también se puede decir que Barajas, tras su ampliación, únicamente opera al 60%”, alega Enrique Fuentes, director de Desarrollo de Negocio de la constructora Ferrovial.

La AP-7 entre Cartagena y Vera, inaugurada en marzo de 2007, tiene 114 kilómetros, de los cuales 97,7 son de peaje. El que apenas 2.000 vehículos circulen por ella diariamente -las previsiones los cifraban en 7.000- le ha valido el apelativo de autopista fantasma o de la especulación.

El Gobierno acordó el mes pasado dar un crédito de 200 millones de euros en 2010 a las concesionarias de las últimas autopistas de peaje para ayudarles a pagar el alto coste de las expropiaciones.

La proliferación en los últimos años de infraestructuras de dudosa utilidad tiene muchas, variadas y complejas causas.

Tras la Guerra Civil y hasta finales de los años cincuenta, España sufrió un gravísimo déficit de infraestructuras. “Lo que estaba claro entonces era que esos proyectos eran muy necesarios, pero luego se pasó al extremo: toda infraestructura es buena. Y es un tremendo error. Las hay que no son aconsejables y sería mucho mejor destinar esos recursos a otro tipo de actividades”, resalta Serrano.

A juicio de Carme Miralles-Guasch, profesora de Geografía Urbana de la Universidad Autónoma de Barcelona, existe el mito de que aeropuertos, autovías o trenes de alta velocidad generan por ellos mismos desarrollo económico y social, “pero no es así si no van acompañados de otras estrategias económicas, sociales…”. “Una universidad no se construye sólo con el edificio”. Y cita el caso del aeropuerto de Ciudad Real, inaugurado hace un año, participado por la intervenida Caja Castilla-La Mancha (CCM), en el que opera una sola compañía, Air Berlín, y que es deficitario. “Este aeropuerto no tiene razón de ser porque está muy próximo al de Barajas. No pasa nada porque se cree primero una oferta, pero tiene que haber una demanda latente, que no esté cubierta por otras infraestructuras”, indica.

Miralles-Guasch sostiene que, en algunos casos, las infraestructuras pueden ser incluso contraproducentes. Un tren o una autopista, por ejemplo, conectan poblaciones diferentes; si éstas son muy desiguales en tamaño y capacidad, la que saldrá beneficiada es la que ya era la más favorecida, argumenta. El tejido económico y empresarial se trasladará al polo más grande, donde las oportunidades son mayores.

Esta profesora de Geografía Urbana recuerda que en el siglo XIX se pensó que la llegada del ferrocarril supondría un impulso de las zonas rurales y, según relata, lo que fomentó fue precisamente lo contrario: provocó un éxodo a los grandes núcleos urbanos. “En Soria quieren el AVE, pero se olvidan de que la despoblación de la provincia vino, precisamente, con el ferrocarril del XIX”, destaca. Y añade que “el objetivo es legítimo, están en su derecho de reclamar un tren de alta velocidad, pero esa infraestructura funcionará si va de la mano de otras actuaciones, no por sí sola”.

El economista Gregorio Izquierdo reconoce el efecto directo de la inversión en obras públicas en la creación de puestos de trabajo. No obstante, subraya que estos proyectos “no pueden justificarse únicamente por los empleos que generan, porque llevan consigo un aumento del déficit público para financiarlos, lo que luego se traduce en una subida de impuestos que acaba destruyendo puestos de trabajo”. Izquierdo apuesta por dejar “campo de juego” al sector privado para que realice estas obras “sin que se sobrecarguen las arcas públicas”, sobre todo en tiempos de crisis.

La secretaria general de Infraestructuras del Ministerio de Fomento, Inmaculada Rodríguez Piñero, defiende la conveniencia de las infraestructuras por tres razones principales: mejoran la competitividad económica y permiten un desarrollo sostenible y un equilibrio territorial. Y pone dos ejemplos. Uno de ellos es el AVE a Castilla-La Mancha, que, según apunta, ha hecho que, ante los altos precios de la vivienda en Madrid, mucha gente se haya podido ir a vivir a Toledo, yendo y viniendo a trabajar a la capital.

También destaca el caso del AVE a Valencia. “Esta ciudad se colocará a una hora y treinta y cinco minutos de Madrid. ¿Se está pensando ya en la capacidad de negocio? Aquellos que sepan anticiparse a ella, van a crecer”, prevé.

Para Rodríguez Piñero, el que España en 2012 sea el líder mundial en alta velocidad “da prestigio a este país como potencia económica”. “Hay dos compañías españolas fabricantes de trenes a las que van a buscar en todo el mundo porque somos referencia”, asegura.

Edelmiro Rúa cree que, en muchas ocasiones, los políticos crean “necesidades ficticias” para “apuntarse tantos”. Incluso a veces, lamenta, dejan en el tintero las obras más acuciantes porque hay que dar salida a las “más vistosas”.

“En Galicia hay dos grandes puertos en Ferrol y A Coruña, en los que entran grandes cantidades de materias primas que hay que transportar; pues bien, a día de hoy, esos puertos no tienen accesos de ferrocarril rápidos y de carretera”, critica. “Antes de finales de año se licitará el acceso viario al puerto de A Coruña”, replica la secretaria de Infraestructuras.

A la fiebre de algunos políticos por inaugurar grandes obras, Rúa añade el “y yo también” ciudadano. Este ingeniero considera que “el gran avance del AVE a Sevilla fue que evitaba Despeñaperros; el de Valladolid, que en media hora estabas en Segovia”, pero que, salvo casos muy concretos, se pueden obtener velocidades suficientes, adecuadas, con una modernización y mejor conservación de las líneas sin tener que recurrir a la alta velocidad, la tecnología más cara. “Sin embargo, el señor de Burgos se monta y ve que, en vez de poner que el tren va a 300 por hora, pone a 209 o a 188, y se queja, y pregunta: ‘¿Por qué vamos tan despacio?”. Lo mismo pasa con las carreteras, en opinión de Rúa. “La gente quiere tener la autopista al salir de casa”, afirma.

Otra de las causas de la existencia de infraestructuras de dudosa utilidad habría que buscarla en que, dada la distribución territorial y política de España, el criterio de equidad ha primado sobre el de eficiencia en el reparto de muchas de las inversiones en obras públicas entre las distintas regiones en los últimos tiempos.

“Obviamente, el desarrollo pasa por una cierta dotación de infraestructuras, pero existen evidencias científicas que demuestran que esas inversiones no redundan en un beneficio para la sociedad a partir de un determinado nivel de desarrollo, y encima tienen un alto coste medioambiental”, manifiesta Sandra Pizzinato, responsable de la campaña de Transporte de Greenpeace, para quien urge un “cambio radical” en la política de transporte hacia “un modelo más sostenible”.

Las emisiones de C02 generadas por el transporte en España se incrementaron un 89% entre 1990 y 2006, y representan una cuarta parte del total de emisiones, según la organización ecologista. “No hay que construir tanto, sino mejorar lo ya construido. Hace falta un mejor ferrocarril, pero no trenes elitistas que sólo tienen parada en las grandes poblaciones, y una mayor inversión en transporte público, no más autovías”, resalta Pizzinato.

Quizás España esté próxima a alcanzar el nivel de saturación en lo que a la red de carreteras se refiere, no así en el transporte por ferrocarril, sobre todo en el de mercancías, una asignatura pendiente, ya que se hace principalmente por carretera, con un gran coste medioambiental, de acuerdo con los expertos. El ferrocarril es precisamente la gran apuesta del Plan Estratégico de Infraestructuras y Transporte (PEIT) 2005-2020 del Ministerio de Fomento.

En un mundo globalizado amenazado por el cambio climático, donde la dependencia de un recurso que se agota, el petróleo, impone la explotación de otras fuentes de energía, el responsable de Desarrollo de Negocio de Ferrovial abre un nuevo frente: “Hay que empezar a pensar en otro tipo de infraestructuras, en las que tienen que ver con el medio ambiente”. Las relacionadas con el reciclaje, la incineración de basuras, el tratamiento de aguas residuales… “En la mayoría de las comunidades, el porcentaje de basura sin tratar está en torno al 50%. En este sector, España sí que tiene un déficit brutal”, subraya Enrique Fuentes.

Infraestructuras del presente, infraestructuras del futuro… en lo que coinciden los consultados es en que es necesaria una mayor racionalidad a la hora de decidir los proyectos. “Priorizar”, “ser más selectivos y rigurosos”, “evaluar la conveniencia de una obra desde un punto de vista económico, social, ambiental y técnico”, “no duplicar recursos”. “Es hora de que se imponga el sentido común”, dice la profesora Miralles-Guasch. “No hay que buscar culpables. Los poderosos no son más que un reflejo de lo que somos todos. Pero no podemos seguir viviendo, como lo estamos haciendo, en este espejismo de país de nuevo rico”.

urtarrila 10, 2010 Posted by | Ekonomia, Soziologia | , , | Utzi iruzkina

Odiosos aduladores

Paul Shirley 2008-08-09 El País lotura

Los primeros Juegos Olímpicos de verano que recuerdo son los de Seúl 1988. Tenía 10 años, por lo que mi actitud contestataria y cínica todavía no estaba plenamente desarrollada. Eso significa que los Juegos Olímpicos de 1988 podrían haber sido perfectamente los últimos en los que yo deseé de verdad que ganaran mis camaradas estadounidenses. La razón de mi tendencia antiestadounidense tiene que ver con la naturaleza de su información televisiva.

Ahora que han empezado los Juegos Olímpicos de este año estoy seguro de que mi actitud no será diferente. Especialmente, en lo que se refiere al baloncesto.
No tengo muy claro qué ha sido lo que ha dado lugar a mi vehemente tendencia antiestadounidense en lo que respecta a las competiciones deportivas. Supongo que debe de tener algo que ver con mi instinto de animar a los más desvalidos y podría estar relacionada con mi manía de poner los ojos en blanco cuando un estadounidense gana los 100 metros y empieza a ladrar y rezar como un doberman pinscher papal. La razón más probable es, sin embargo, la naturaleza de la información televisiva estadounidense. Odio que me digan quién se supone que quiero que gane. Aquí la información es tan sesgada que al resto de los participantes de la carrera muchas veces ni siquiera los nombran. Y, por lo general, las competiciones en las que los estadounidenses tienen pocas oportunidades de ganar, o ninguna, ni siquiera se retransmiten.
Antes de que me incluyan en la categoría de hijo predilecto no estadounidense, me gustaría señalar que estoy convencido de que en España pasa lo mismo. Este invierno pude ver parte del Campeonato de Europa de baloncesto. A juzgar por lo que pude percibir usando mi nivel de comprensión de una de cada tres palabras, al tipo encargado de comentar el partido se le podía tachar de todo menos de objetivo. (Creo que lo que le delató fue cuando dijo que la barba de Pau Gasol no era criticable).
Por desgracia, el torneo de baloncesto de este año será más de lo mismo. Cuando lo vea, algún comentarista adulador estará tan ocupado cantando las virtudes de los estadounidenses que olvidará que hay dos equipos jugando y que, posiblemente, haya alguien en la audiencia que no esté tan enamorado de un equipo tan arrogante y poco cosmopolita que se niega a quedarse en la Villa Olímpica y no se atreve a alejarse lo suficiente de su hotel de cinco estrellas para hundir la punta de su pie colectivo en las maravillas de una de las culturas más antiguas del mundo. Lo que quiero decir es que odio eso de: “¡Vamos, Estados Unidos! ¡Te quiero, LeBron!”.
Para mí, lo extraño es que la mayoría de la gente no piense como yo. Estoy seguro de que, cuando Estados Unidos gane un partido, alguno me preguntará si estoy emocionado por el triunfo. Y entonces diré: “Me emocioné cuando Lituania ganaba por cinco y creía que había una posibilidad de que Estados Unidos perdiera”. Se quedará… mudo. A renglón seguido, se dará media vuelta y se irá. Al cabo de pocos días, una furgoneta no identificada entrará por el camino de mi casa y unos hombres con gafas de sol se me llevarán, en detrimento de mi carrera baloncestística, mi carrera como escritor y mis oportunidades de transmitir mis genes mixtos a futuras generaciones.
El problema, cómo no, es que los estadounidenses probablemente ganarán el torneo de baloncesto. No se me dan bien los pronósticos, sobre todo porque no quiero que me confundan con uno de esos tíos de la televisión que están tan ansiosos por echar por tierra las predicciones de sus colegas que se ponen a gritar tanto que el rostro se les congestiona y pierden el control de sus intestinos (en el estudio, lo cual resulta bastante incómodo para todos).
Pero, sí, es muy probable que Estados Unidos gane. No porque sean los mejores (que lo son) o porque crean que tienen algo que demostrar (que lo tienen), sino porque sería el resultado que a mí más me cabrearía.

urtarrila 6, 2010 Posted by | Iritzia, Kirola | , , , | Utzi iruzkina