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Forma y fondo

Raimundo Fitero 2010-03-21 GARA lotura

Un dirigente del Partidos Socialista de Catalunya lanzó una serie de descalificaciones contra la directora de la TVC, Mònica Terribas, a raíz de una entrevista que esta periodista le hizo al actual molt honorable President, José Montilla. La llamó, entre otras lindezas intelectuales, «mal follada», que es una de las formas más vergonzantes de la profundidad del pensamiento machista que en esta ocasión transplantado a una circunstancia muy concreta nos coloca ante la impudicia, la desvergüenza, la falta de dignidad política y el uso de su cargo para la defensa barriobajera de una sensación muy concreta: la manera en la que la periodista realizó la entrevista a un supuesto jefe.

Es decir, la entrevistadora preguntó en conciencia, con plena libertad, en un estilo que ha sido aplaudido durante años en la misma cadena, pero que al aplicarse al señor Montilla, al jefe, para entendernos, algunos de los acólitos del propio jefe han salido a defenderlo. Es decir han salido a intentar neutralizar la falta de respuestas adecuadas, de que en la cadena institucional, una periodista, además con alto cargo, se atreva a poner en situación comprometida al President. La han causado de agresiva, de encerrona, de muchas cosas de esas que aparecen cuando alguien hace simplemente bien su trabajo. Preguntar no es ofender, y si hay una pregunta que solicita respuesta sobre asuntos delicados, es lo lógico, lo saludable social y periodísticamente. Pero no, lo que aquí se intenta es neutralizar todas las probabilidades de ejercer la profesión en libertad, con estilo, llegando al fondo y con formas que van siempre de acuerdo con la personalidad y el estilo de cada cual.

Estaba pensando ahora mismo en el pasteleo que le hicieron a ZP en TVE hace unos pocos días. Lo sucedido en la televisión catalana, fue lo ideal. Respeto, mucho respeto institucional, pero no solamente al entrevistado, sino también a la audiencia que es al fin y al cabo, quien paga con sus impuestos. Esto debería ser la norma, lo innegociable. Pues no, lo que se ha logrado es crear preguntadores de guiones pactados. Mònica Terribas tiene el aplauso de la audiencia y de la profesión. Y al machista socialista le queda la dimisión. O el cese.

ELKARRIZKETA IKUSTEKO SAKATU HEMEN

martxoa 21, 2010 Posted by | Iritzia, Komunikabideak, Telebista | , , , , , , | Utzi iruzkina

Niños del cable

otsaila 20, 2010 Posted by | Bideoa, Telebista, Uncategorized | , | Utzi iruzkina

La “nueva” ficción

Enric Gonzalez 2010-02-01 Foreign Policy lotura

El siglo XX concluyó con la década más próspera de todos los tiempos. El siglo XXI ha comenzado con una década estrictamente siniestra: hiperterrorismo, hipercrisis y guerras neocoloniales. La irrupción de China como superpotencia y de la tecnología digital han contribuido a la sensación de cambio de era. No puede decirse, sin embargo, que esta especie de salto planetario hacia lo desconocido haya alterado de modo apreciable la ficción literaria, al menos en su ámbito más comercial. Tampoco el cine ofrece especiales novedades, salvo en el aspecto técnico. La televisión, por el contrario, ha alcanzado su edad de oro justo cuando las audiencias se fragmentan y los antiguos oligopolios entran en crisis: la mejor ficción de la década y las más curiosas novedades de la narrativa se han visto en las pantallas domésticas.

Vayamos por partes. En cuestión de libros, los tres grandes éxitos comerciales han sido El Código da Vinci, de Dan Brown, la serie de Harry Potter, de J. K. Rawling (iniciada en 1997), y la trilogía Millenium, de Stieg Larsson. No hablamos de literatura excelsa, sino de productos que han captado la atención del lector contemporáneo. El Código da Vinci recoge dos tendencias que, sin ser de reciente aparición, han florecido en esta década del desasosiego: la teoría conspirativa y la espiritualidad new age. Pero, en esencia, el argumento de fondo del relato de Brown no es muy distinto al que planteó, con mayor talento, Umberto Eco en El nombre de la rosa: alguien oculto está dispuesto a matar para impedir que comprendamos el auténtico mensaje cristiano y alcancemos la felicidad. Por razones no demasiado claras, ese argumento vende.

Cabe recordar que, según Christopher Hitchens, las teorías conspirativas vienen a ser la hez de la digestión democrática, aquello que el estómago de una sociedad libre no consigue entender o aprovechar. Las tres obras de Larsson tienen también algo que ver con eso, porque muestran una socialdemocracia avanzada, la sueca, en pleno cólico: los servicios secretos mienten y asesinan, los servicios sociales abusan de los inocentes, la oligarquía industrial rebosa perversidad. El personaje central de Millenium, Lisbeth Salander, incluye un par de elementos que suelen vincularse con una cierta tipología contemporánea, la psicopatía y el talento informático; la posición feminista del narrador supone otro anclaje con el espíritu de los tiempos. Por otra parte, el propio género en el que se inscribe la trilogía, el policial, se ha considerado tradicionalmente uno de los más funcionales en épocas de crisis como la presente. Las novelas de J. K. Rowling sobre el joven mago Harry Potter contienen, como las de Dan Brown, abundantes ingredientes conspirativos y new age.

La literatura de gran consumo no ha integrado, de momento, las nuevas formas fragmentarias de lectura y escritura: ni simultaneidad ni hipertexto ni el resto de cambios aportados por la cultura digital. Es probable que la difusión masiva del libro digital, prevista para la década entrante, favorezca una renovación de las fórmulas literarias. La tecnología ya ha cambiado; el gran público, de momento, no. Mientras el cine comercial ha tratado de aunar espectáculo, épica, magia y ribetes oscuros (desde la saga de El Señor de los Anillos a la de Harry Potter, pasando por los Batman tardíos y la inefable serie de los Piratas del Caribe), o ha apostado por el pastiche, la televisión ha asumido el liderazgo de la creatividad y la inteligencia.

Las cinco temporadas de The Wire constituyen una cumbre artística. La serie destripa Baltimore y saca a la luz nuestros propios higadillos. Lenta, fría, implacable, representa a la perfección el vuelco audiovisual: el producto televisivo, antes considerado sinónimo de evasión, es el que exige ahora (en casos como el que nos ocupa) mayor atención y mayor reflexión. Por resumir, The Wire ha llevado la ficción televisiva a un nivel shakespeariano.

HBO, el canal de pago estadounidense, figura, con el guionista David Simon, entre los grandes responsables de la edad de oro televisiva. Junto a The Wire, de Simon, ha producido otras obras maestras, de corte más clásico, como Los Soprano, o más surrealista, como Dos metros bajo tierra; y ha establecido nuevos límites para el humor (Curb your enthusiasm) y para el género bélico (Band of brothers y Generation Kill, esta última emparentada, a través de Simon y de la exuberancia de los diálogos, con The Wire).

Otras empresas televisivas han puesto también su parte. La BBC británica ha contribuido a la revolución con The Office, emanación del genio humorístico de Ricky Gervais, o Roma, en coproducción con HBO; las estadounidenses NBC, con El ala oeste o 30 Rock; y ABC, con Perdidos. Esta última serie refleja algunas de las tendencias más novedosas de la ficción televisiva, ya que se basa en un argumento del que el espectador conoce muy poco, lo que confiere una singular autonomía a los personajes: es el tipo de construcción dramática que encaja con la interactividad digital y con los recursos hipernarrativos.

En el segmento más barato del mercado audiovisual, la televisión ha alcanzado asimismo formatos y lenguajes inequívocamente propios, no atribuibles a ninguno de los géneros clásicos. Casi hasta ahora mismo, la televisión era un contenedor de cine, teatro, radio filmada, periodismo, espectáculos deportivos, etcétera; ahora es capaz de rellenar su programación con espacios que no son nada y con personajes que no son nada y no dicen nada de interés, simplemente están ahí y satisfacen con éxito las pulsiones voyeurísticas del espectador. Desde Gran Hermano al denostado Sálvame, eso que se conoce como telebasura es, probablemente, la mayor novedad narrativa del siglo XXI. No es muy estimulante, pero es lo que hay.

otsaila 17, 2010 Posted by | Kultura, Telebista | , , , | Utzi iruzkina

A quien beneficia el “apagón analógico”

Sergio Pascual 2010-01-10 kaosenlared.net lotura

En los últimos meses se ha intensificado la avalancha de informaciones en los medios de comunicación relativas a lo que conocemos como apagón analógico. Las más de las cuales, además de recordarnos la al parecer ineludible fecha del 3 de abril de 2010 como el fin de la televisión tal y como la conocemos, nos posicionan las virtudes de la nueva tecnología.

¿Qué hay detrás de todo esto? ¿hay intereses económicos? ¿cuán ciertas son las ventajas del proceso? Trataremos de dar respuesta concisa y sucinta a estas interrogantes.

En primer lugar, reiterar el lugar común, nos encontramos ante un proceso de transición tecnológica que posibilita una explotación más eficiente de un recurso público escaso, el espectro radioeléctrico.  Cupiera pensar que el proceso va acompañado de una democratización del acceso a dicho recurso, ampliando las obligaciones de servicio público y permitiendo, como recientemente hizo Argentina con su ley de Radio y Televisión[1], el acceso a los medios comunitarios, verdaderos representantes de la libertad de expresión, ya que no responden a intereses económicos ni políticos, sino a la sociedad civil organizada. Nada más lejos de la realidad, el Congreso ya ha superado el primer trámite de aprobación de la Ley Audiovisual[2], una norma que en su exposición de motivos ya deja a las claras su intención: “…la misión es dar seguridad jurídica a la industria y posibilitar la creación de grupos empresariales audiovisuales con capacidad de competir en el mercado europeo y la apertura regulada de nuevos modelos de negocio como son la TDT de pago…. Y hacerlo garantizando también, el pluralismo y la protección de los derechos ciudadanos; al mismo tiempo que se fijan unas reglas de transparencia y competencia claras en un contexto de convivencia del sector público con el privado y de liberalización de la actividad audiovisual” dejando a las claras la prelación de objetivos y la desaparición de los medios ajenos al beneficio comercial o al control político del panorama audiovisual.

Pero centrémonos en el objeto de la reflexión. En primer lugar tratemos de centrarnos en las supuestas ventajas del nuevo sistema digital:

1.      Veremos la televisión “sin interferencias” (es decir, sin sombras, ecos o distorsión de la imagen). Efectivamente, la tecnología digital permite una recepción completamente nítida de la señal. Lo que obvian sus mecenas es que mientras que una recepción con bajo nivel de señal de la televisión analógica es posible en zonas remotas o de cobertura difícil (con deficiencias eso sí), lo propio se vuelve imposible en tecnología digital, donde “o se ve, o no se ve”, no hay término medio. Este hecho ha forzado a gobiernos como el navarro[3] a cubrir las zonas de sombra (zonas en las que un repetidor digital situado donde antes había uno analógico no consigue que la señal de televisión digital “llegue”, “se vea”) con tecnología satelital, llegando a hablar en el colmo del descaro de TDT (Televisión Digital Terrestre, es decir, de difusión mediante emisores y receptores de tecnología tierra-tierra) por satélite. Pero volveremos más adelante sobre el asunto del satélite.

1.      Tendremos una mayor y mejor oferta televisiva. Absolutamente falso, La aparición de canales temáticos ha provocado que la audiencia se diversifique, con la consecuente disminución de la audiencia de los canales generalistas a favor de los temáticos. Este hecho, junto con la crisis publicitaria, obliga a las cadenas a buscar otros mecanismos para ser rentables, entre ellos, nuevas formas de ingresos como la TDT de pago para contenidos Premium como películas, deportes o conciertos. Así la mayoría de cadenas privadas que emiten en analógico piden que haya TDT de pago. Como es tecnológicamente posible, la ley actual lo permite y el gobierno ha tomado ya una postura oficial, aprobando a través de un real decreto ley pedido por el grupo Imagina (Público, La 6…). Es decir, habrá nuevos canales de calidad para quien pueda pagarlos, el resto consumiremos el relleno de turno. Si a este hecho le añadimos la crisis del sector, que hace que grupos como PRISA abandonen concesiones otrora tan golosas como la de una TDT autonómica en Andalucía (eso sí, viendo graciosamente condonados los 100 millones de euros que conforme al proceso administrativo le correspondía abonar por los perjuicios causados al erario público por abandono de la concesión), el panorama no resulta tan halagüeño como nos querían hacer ver.

Pero, entonces, ¿por qué demonios transitamos al escenario digital? Dos grandes sectores económicos de interés se apuntan, el primero el de los media, que avizoran un escenario de progresivo descenso de los ingresos del modelo audiovisual en abierto y encuentran en las posibilidades de instalar TDT de pago un nuevo maná salvador (ahora unido a la desaparición de RTVE como competidor por el mercado publicitario). El segundo resulta más oculto pero es si cabe más dramático, por cuanto supone un drenaje a los bolsillos ciudadanos por la vía directa y de la subvención estatal .

En este sector encontramos un actor fundamental, Abertis. La compañía catalana se adjudicó en su día el total de las  infraestructuras de telecomunicaciones audiovisuales del país, en manos entonces de la otrora empresa pública, Retevisión[4], con más de un millar de centros completamente equipados (sólo en Andalucía son más de 500) e instalaciones tan emblemáticas como Torrespaña en pleno centro de Madrid o la Torre de Collserola en Barcelona . Abertis se comprometió por un montante de 423 millones de euros, aunque 341 millones corresponden a asunción de deuda por lo que en la práctica Abertis sólo pagó 82 millones por la compañía líder de transporte y difusión de señal audiovisual en el Estado Español. Lo hizo por la que en la práctica es una ganga, ya que sólo las dos instalaciones señaladas pueden valorarse prácticamente en la cifra aportada. Pero es que además Retevisión ingresaba unos 168 millones de euros anuales en 2001 y en términos de ebitda (margen bruto de explotación), la aportación era mucho mayor. No hace falta hacer muchas cuentas para que el olor a chamusquina aturda al más pintado.

Por otro lado resulta interesentante remarcar que Abertis, que según información publicada en CNMV , tiene participaciones significativas de la Caixa (28,91%) y ACS (25,83%), la constructora de Florentino Fernández y los March[5]del Grupo Alba, los banqueros de Franco, no sólo compró infraestructura y activos, compró al tiempo el monopolio sobre el mercado de difusión audiovisual y una elevadísima influencia sobre el Ministerio del ramo, ya que Retevisión era funcional al principio de puerta rotatoria y habitual retiro dorado técnicos y directivos del ámbito de la administración de las telecomunicaciones (es el caso de la exministra Ana Virulés[6]).

¿Dónde está el negocio para Abertis? En primer lugar en el mercado cautivo que suponen los difusores, obligados a sufragar la transición, y en segundo lugar y de forma central en las administraciones públicas, que ante la tesitura de dejar “sin tele” a un importante sector de la población se aprestan a abonar las millonarias minutas de Abertis.

¿cómo? Pues veamos. La obligación legal reza que el 96 por ciento de la población debe disponer de señal de las sociedades concesionarias privadas (A3, T5, La 6 y Cuatro que en analógico ya superan con creces el 98% de cobertura estatal) y el 98 por ciento por parte de las entidades públicas (RTVE y las autonómicas) pero claro, ningún político puede echarse a las espaldas el dejar tan sólo con TVE a ese 2% de la población entre el 96 y el 98, cosa que sucedería, ya que en igualdad de condiciones, es decir, de infraestructuras de emisión, la señal de TDT, ¨llega menos lejos¨. Y hete aquí que precisamente ese 2% es el que supone un mayor costo en infraestructura, ya que si bien con apenas 10 centros puede cubrirse el 80% de la población andaluza (por poner un ejemplo), muy concentrada en grandes urbes, conseguir cubrir a la población dispersa impone escalar exponencialmente el número de centros de emisión hasta la superlativa cifra de 500.

En este marco, el Consejero de Innovación de la Junta de Andalucía, Soler, por poner un ejemplo conocido y notorio, aseguró que para garantizar la adecuada ejecución de este plan de transición tecnológico, la Junta firmó un acuerdo de colaboración con el Ministerio de Industria, poniendo en marcha medidas de apoyo como la firma de contratos de extensión de cobertura de manera que se iguale la cobertura de digital con la de la señal analógica (que ya disfrutamos). Así, se prevé sólo en Andalucía un importe total de cuatro millones de euros sólo en los cuatro primeros años de servicio, eso sin contar los costos que se abonan por parte de los entes públicos de difusión (RTVA) y las ordenes de incentivos para la digitalización que sólo en Andalucía ya suponen otro monto  superior a 1,3 millones de euros (habiéndose presupuestado alcanzar la cifra de 7 millones). Las cifras escalan si hacemos lectura de la inversión de una Comunidad Autónoma reducida, la Consejera de Administraciones Públicas y portavoz del Gobierno del Principado de Asturias, Ana Rosa Migoya, manifestó que el ejecutivo asturiano aprobó en Consejo de Gobierno un fondo de 23.500.000 euros para “afrontar el reto de la transición de la televisión analógica a la digital”[7].

Y efectivamente este negocio no se oculta[8], el 5 de noviembre pasado podíamos leer “ la mayor aportación del negocio de telecomunicaciones por el desarrollo de la Televisión Digital Terrestre (TDT) permitió a Abertis compensar la caída del tráfico tanto en sus autopistas como en sus aeropuertos y mejorar su resultado hasta septiembre un  4 por 100. La concesionaria ganó en los nueve  primeros meses del año  563 millones de euros, según  ha comunicado a la Comisión Nacional del Mercado de Valores”.

Entre tanto qué sucede con el ciudadano que debe sufragar el costo de un nuevo televisor o set-top-box para adaptarse, con la comunidad de vecinos que debe adquirir por más de 600€ amplificadores monocanales adicionales, reinstalar el cableado del edificio, modificar duplexores… Pues nada, el gobierno permanece impertérrito crisis incluida e impone este gasto forzoso mientras que albergan el frotar de manos de fabricantes de equipos e instaladores de telecomunicaciones, y se olvida a los sectores más desfavorecidos de la población que llegado el apagón, simplemente dejarán de disfrutar de su derecho constitucional a la comunicación.

Efectivamente, recurramos a la experiencia. El apagón analógico tuvo lugar el 12 de junio en Estados Unidos y dejó sin servicio a los casi tres millones de hogares que aún no estaban preparados, pese a las campañas de concienciación.

Por otro lado, durante una conferencia pronunciada en Sevilla, el poco sospechoso y conocido periodista (recordado por Quien Sabe Donde) Manuel Campo Vidal, tildó de “muy serio” el problema que puede suponer para las personas de la tercera edad, con escasos ingresos, el invertir hasta 250 euros para adaptar sus viviendas a la Televisión Digital Terrestre (TDT). Además destacó que en muchos casos para su instalación necesitarán la ayuda de un técnico y que, si tienen una avería, podrían perder temporalmente un “elemento de compañía importante y necesario” para ellos.

Entre tanto y como advertencia baste observar que si el panorama resultó desolador en EEUU (un país que recibe la TV principalmente por cable) a menos de un año del apagón total y con varias provincias ya desconectadas, sólo el 57,3% de los hogares españoles posee al menos un receptor de TDT (según la primera ola de 2009 del Estudio General de Medios), es decir, en medio de la crisis económica se exigirá a más del 40% de la población desembolsos adicionales. Entre tanto la cuota de pantalla de la TDT crece en mayo es de menos del 30% de la audiencia total de televisión, lo cual da idea precisa de cuántos ciudadanos reciben en condiciones suficientes esta señal.

Un par de evidencias en torno a la “TDT” por satélite

En el sector de las telecomunicaciones[9] una guerra nos sorprendía a todos a principios de año, la que mantuvieron Astra (operador de satélite) y Abertis por la operación del servicio de televisión digital (no TDT, ya que el primero obrece TDS y el segudo TDT).

La diatriba versaba en torno a la posibilidad de dotar de televisión digital a la ciudadanía a través de satélite, para lo cual debería permitirse a estos operadores participar en los concursos celebrados por las Comunidades Autónomas para la transición. Tan sólo Cantabria lo hizo, si bien presionada desde el Ministerio de Industria se apresuró a recular en su decisión, homologándose con el resto de CCAA dóciles a la entrega gubernamental al gigante de las infraestructuras con tan poderosos vínculos financieros.

Y la magnitud de la entrega se lee en números, Luis Sahún, director de Astra asegura que “Con una inversión inicial de tres millones de euros y unos costes anuales de entre 3 y 4 millones, podríamos completar la cobertura digital de España“,  frente a los alrededor de 327 millones que le costará al Gobierno el despliegue de Abertis.
Pero la cosa no queda ahí. En la práctica, para cubrir el 4% de población dispersa en el Estado Español, la opción terrestre de Abertis resulta dantesca, ya que necesita casi 4500 centros adicionales, por lo que finalmente ya se está optando por la vía satelital para estas zonas (ver nota 3), y teniendo en cuenta que la “huella” del satélite no es selectiva geográficamente en la práctica TODO el Estado Español tiene cobertura satelital. Es decir, no se ha desestimado en la práctica la opción satelital, sino que se asume, pero se mantiene la subvención encubierta a Abertis.

Si hacemos valer las cuentas del gobierno navarro, que cifra en 450€ el coste de instalación del satélite y teniendo en cuenta que en el Estado Español según FEINTEL (Federación de Instaladores de Telecomunicaciones) se estima en 1.300.000 el número de edificios en los que vive el grueso de la población española, y que deben adaptar por costes superiores a los 1500€ sus instalaciones, cabe resaltar que tan sólo en inversión ciudadana el ahorro ya supondría 1.300 millones de euros, eso sin contar los 327 millones (menos 3 del coste de Astra) que se entregan a Abertis sin más trámite.

En conclusión, el escenario de la transición tecnológica nos enfrenta con la creación de una ¨necesidad¨ espúrea, que drenará los bolsillos de la población trabajadora y beneficiará a los intereses de un sector muy influyente de la élite financiera y de los oligopólicos mass media; todo ello no sólo con la anuencia estatal, sino con su más firme apoyo, sostén y auspicio ¿les suena de algo el modelo?.

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[1] http://www.vtv.gov.ve/noticias-internacionales/24721

[2] http://www.iustel.com/v2/diario_del_derecho/noticia.asp?ref_iustel=1038279

[3] http://www.impulsatdt.es/noticias/191109_Diario%20de%20Navarra.pdf

[4] http://www.cincodias.com/articulo/empresas/Abertis-compra-Retevision-Audiovisual-423-millones/20030620cdscdiemp_2/cdsemp/

[5]http://www.publico.es/culturas/265610/aristocracia/vende/arte/reliquias/christies/esplendor/espanol/la/coleccion/de/un/marques/espanol/manuel/march

[6] http://www.elmundo.es/navegante/2000/04/28/cienciaytecnologia.html

[7] http://televisionsatelite.blogspot.com/2009/03/asturias-invertira-mas-de-23-millones.html

[8] http://www.latiza.es/Empresas.aspx?con=37178&np=2&nn=6

[9] http://todosobremitele.blogcindario.com/2009/03/12404-guerra-abierta-entre-astra-y-abertis-por-la-television-digital.html

urtarrila 11, 2010 Posted by | Ekonomia, Telebista | , , , , | Utzi iruzkina

Fusionando

Carlos Boyero 2009/12/19 El País lotura

La sabiduría ancestral certificaba en una sentencia cínica, o escéptica, o exclusivamente realista y usada hasta el vómito que la política crea extraños compañeros de alcoba. Pero todos sabemos, excepto los que viven de ella (son mogollón), que esa profesión tan rara y productiva se rige frecuentemente por la sordidez, el pragmatismo a cualquier precio, el fraude, la impostura, la doble moral y demás triunfantes virtudes. A pesar de esa intuición o certidumbre tan antigua, seguimos escandalizándonos o creándose inútil alarma social cuando el eterno fraude resulta demasiado transparente, cuando en nombre de intereses proteicos permiten que salga a la luz pública un pedacito del gran tinglado.

Las alianzas aparentemente exóticas o incongruentes no son exclusividad de la política. Forman parte biológica de los negocios. Aunque se pueden justificar en nombre de la sagrada supervivencia. El enemigo de hoy es el posibilista, o simplemente fraternal socio de mañana; no hay fusión que por bien no venga y demás tópicos desasosegantemente reales.

Los neoliberales de siempre certificaron con jolgorio el funeral de las ideologías, deduciendo que ya sólo quedaría la suya y que se la iban a imponer a golpes a los insignificantes disidentes. No acertaron del todo. Se supone que en los medios de comunicación todavía perviven enfrentadas visiones del estado de las cosas, formas afortunadamente irreconciliables de entender la vida. Simplificando: izquierda y derecha.

Hasta que los muy dignos dueños del blanco y el negro deciden en nombre de la pasta que lo más práctico es fundirse en claroscuro. Respetando en el impensable matrimonio, claro está, las esencias morales y la independencia informativa y expresiva de los que antes se buscaban la yugular y que han decidido ser cónyuges. Va a ser gracioso observar la luna de miel entre esas televisiones que estaban en racionales antípodas. Pero los profesionales, los que tienen lo que hay que tener, sienten estupefacción o tiemblan. Los trepas y los conversos vocacionales se parten de risa. El nuevo mundo les adora.

abendua 21, 2009 Posted by | Iritzia, Telebista | , , | Utzi iruzkina

El ombligo de la televisión española

Hernán Casciari 2009-02-13 ESPOILER lotura

Cada vez más, la televisión generalista española informa y habla sobre sí misma. Un bucle ocioso y endogámico que comienza a aburrir al personal.

¿En que puede convertirse la tele si el humor, la información y todo lo demás se nutrieran nada más que de televisión? Ocurriría que la noticia de la semana sería que un programa de humor le ha colado a otro programa (que no es de humor) un video falso.

Ocurriría que ese otro programa ofrecería ese video como cierto; ocurriría que después el primer programa de humor desvelaría el truco; ocurriría que otros programas (de humor, serios y mixtos) difundirían el suceso como una noticia más.

Ocurriría también, por qué no, que una cadena obligaría a otra a no emitir imágenes propias, y que esta otra cadena no haría caso, y que las demás cadenas brindarían este tire y afloje como información genuina.

Ocurriría que ciertos periodistas, de color rosa o amarillo, comenzarían a ser, paulatinamente, el centro de atención de sus propios rumores, desplazando a los artistas, desplazando a los hechos.

Ocurriría que los realitis se convertirían en canteras de famosos efímeros, celebridades de jabón que, antes de explotar y desaparecer, harían giras por todos los platós contando intrascendencias a dos mil euros la cien palabras vanas.

Ocurriría que los periodistas de exteriores inventarían sus propios desaciertos (por ejemplo: tirar adrede un castillo de arena) para aparecer en los zappings de otras cadenas y hacerse famosos de fama efímera.

Ocurriría que los informativos informarían sobre los superávit mercantiles de su propia cadena, y nunca sobre sus déficit, ni mucho menos sobre los avances en bolsa de la competencia.

Ocurriría, por fin, que la gente descargaría series y películas desde internet, agobiada de tanta endogamia, cansada de autorreferencias y egoísmos y mentiras.

Y entonces ocurriría que todas las cadenas, unidas, hablarían, con la boca enorme, de piratería y de ilegalidad.

abendua 16, 2009 Posted by | Telebista | , , | Utzi iruzkina