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Coyuntura económica

Antxon Perez de Calleja lotura

Cuarto trimestre 2009

Los datos de 2009 han confirmado lo que todo el mundo, menos el gobierno, vaticinaba: hemos sufrido la peor crisis por mucho de la historia reciente. Con una caída del PIB de cerca del 4%, la destrucción de 1,6 millones de puestos de trabajo, y un déficit fiscal superior al 11%, la economía española se ha sumido en una recesión de largo aliento. Casi todos los supuestos de continuidad han sido destruidos y el crecimiento potencial se ha desplomado. En una coyuntura que requería la adopción de importantes reformas, el Gobierno se ha aferrado a un discurso obsoleto y optimista basado en el crecimiento del gasto público y en la recuperación internacional. Gracias a su tesón, confianza e inventiva, y la más absoluta de las ignorancias, Zapatero ha demostrado su capacidad para transformar una crisis grave en un desastre duradero. Era difícil hacerlo peor.

Todo cae en esta economía (el consumo, la inversión y las exportaciones) menos los salarios y el gasto público, demostrando que las prioridades de la socialdemocracia, disfrazadas de política económica, sobreviven al desastre, incluso al precio de poner a la economía al borde de un estancamiento permanente. La pretensión de una parte de la sociedad de no afrontar reformas que puedan poner en peligro lo obtenido a lo largo de un ciclo básicamente especulativo va a tener un coste en términos de crecimiento enorme.

Las previsiones para 2010 siguen siendo negativas. La economía volverá a caer, las exportaciones crecerán muy poco, el gasto público tendrá que moderarse porque la Deuda empieza a crecer de manera desmesurada, y el sistema financiero proseguirá su labor de saneamiento a costa de congelar el crédito. La segunda parte del año será mejor pero no lo suficiente para crear empleo. La convicción de que no hay más remedio que hacer reformas se irá abriendo paso poco a poco porque todo sugiere que el estancamiento puede prolongarse en el tiempo.

1.- Gracias al boom inmobiliario, España se ha metido, a ciencia y conciencia, en una encrucijada de grandes proporciones. En un ejemplo de libro de asignación errónea de los recursos disponibles, el gasto público aumentó espectacularmente, los salarios crecieron con la inflación y no con la productividad, y el endeudamiento exterior se dedicó a financiar el ladrillo en lugar de modernizar la estructura productiva. Mientras la internacionalización de la economía pasaba a un segundo plano y, por descontado, todas las reformas pendientes eran ignoradas por los políticos porque la recaudación crecía y crecía.

Como absortos en un espejismo, la sociedad y el gobierno dejaron hacer. No hay nada más desmoralizador para el lento y complejo proceso de construcción de una economía que un enriquecimiento rápido basado en una burbuja especulativa. Una burbuja que ha destruido todos los margenes de maniobra. Lo grave, con ser grave, no es lo que va a ocurrir hasta 2011. Lo grave es lo que va a ocurrir luego.

Porque la pregunta ahora es a qué le echamos mano, de qué herramientas nos valemos para salir del atolladero. No puede ser la política monetaria. Los tipos de interés están en sus mínimos históricos y no pueden seguir bajando; las inyecciones monetarias han sido considerables, sobre todo las que han bombeado liquidez a la banca, pero el crédito no se ha descongelado. No sólo los bancos y cajas deben en el exterior cantidades multimillonarias, que ahora tienen que devolver, sino que su capacidad para generar recursos en el negocio ordinario ha quedado seriamente dañada: los márgenes han caído y las provisiones tendrán que crecer. Una buena parte del sistema financiero español, especialmente las Cajas, va a estar en la UVI durante años, abordando una reconversión sometida a todo tipo de interferencias políticas. Los intermediarios financieros van a estar mucho más preocupados por su propia supervivencia que por la del tejido empresarial.

Tampoco se puede esperar gran cosa de la política fiscal. Mas bien al contrario. Lo que iba a ser la solución se ha convertido en un problema adicional. Estamos hablando de unos Presupuestos cuyo déficit no bajará del 10% desde 2009 hasta 2011. No sólo se ha gastado sin ton ni son en actuaciones lamentables (el Plan E), sino que una parte de los ingresos no se va a recuperar, especialmente los que tienen que ver con la construcción (y esto afecta sobre todo a los Ayuntamientos) y con el empleo (IRPF). A partir de 2010, su capacidad para estimular la economía será nula.

En realidad, empezará a crear problemas ya que las emisiones de deuda pública competirán con las del sector privado. La prima de riesgo se va a disparar lo que, junto con el problema que plantean a medio plazo pensiones y salud, hará que las finanzas públicas se conviertan en un problema crónico. Si de algo no puede hablar Zapatero es de sostenibilidad porque el Estado que dirige es del todo insostenible.

2.-Las dos principales herramientas de política económica han dejado de servir o van ejercer un efecto contractivo. Si tenemos en cuenta que la posibilidad de devaluar, la sempiterna herramienta de ajuste del sistema, no existe, el porvenir se presenta poco alentador. El sector exterior, cuyo déficit llegará este año al 6% del PIB (y eso con una caída de la demanda interna colosal), requiere de ajustes adicionales que ante la caída de la competitividad sólo se pueden hacer ahorrando más o invirtiendo menos, si cabe, porque no se puede esperar un remedio significativo vía Exportaciones. La recuperación internacional se producirá en Asia, donde nuestra presencia es simbólica, o Estado Unidos, país que ha aprovechado la ocasión para devaluar su moneda. Recuperar la competitividad perdida va a costar años, tantos como los ejercicios en los que la productividad ha crecido menos que los salarios.

Toda la economía sufre la resaca de la Construcción que en ciertos momentos llegó a suponer, directa e indirectamente, una cuarta parte del PIB. La destrucción de empleo, no sólo de la construcción sino también de la industria y los servicios conectados con el sector, la morosidad del sistema financiero y su endeudamiento externo, la caída del consumo de las familias, procede en buena parte del pinchazo de la burbuja. Reducir un stock de más de 1,5 millones de viviendas vacías va a llevar años, lo mismo que deshinchar el balance de bancos y cajas de ahorro y aliviar el endeudamiento de las familias.

La crisis, sobre todo la del empleo, podía haberse suavizado si el mercado laboral hubiera sido más flexible, si por una vez se hubiera establecido una conexión lógica entre paro y salario, pero si algo se ha tratado de evitar es precisamente eso. El objetivo de los trabajadores fijos es no tener que competir con los parados por un un puesto de trabajo escaso y hacer posible, contra toda lógica, que los salarios y el paro sigan subiendo a la vez. Mientras, los temporales se han convertido en el ejército de reserva, tanto de empresarios como de sindicatos. Como esta vez no hay devaluación que valga, y no se puede recuperar la competitividad perdida así como así, las tasas de paro van a ser altas durante mucho tiempo.

En estas circunstancias, sin margen de maniobra interno o externo, con la competitividad destrozada, el sistema bancario muy dañado, con el lastre de la Construcción y la crisis de todo tipo de sectores (turismo, automóvil, transporte, comercio minorista), la economía española depende de la intensidad de la recuperación europea, la evolución del precio del petróleo y el dólar, y el saneamiento del sistema financiero, que ha aflorado sus pérdidas sólo en parte, variables cuyo comportamiento a día de hoy es dudoso y cuyo restablecimiento será en el mejor de los casos precario y lento.

3.-En relación a las previsiones de 2010, conviene desvanecer el espejismo interesado de que la economía está mejorando. Es falso. Lo único que está ocurriendo es que la velocidad de su caída se ha suavizado. La comparación interanual, que es la verdaderamente relevante, sigue señalando las mayores caídas de la historia.

Además, por lo visto hasta ahora, se puede intuir que la crisis será larga y nos incorporaremos con retraso a una recuperación mundial llena de problemas. 2010 será el peor ejercicio del ciclo recesivo, y no porque la caída vaya a ser peor que en 2009, sino porque llevamos más de un año en crisis. 2008, que había sido un ejercicio aceptable, proporcionó una inercia con la que se ha podido resistir hasta ahora, inercia que no va a existir el año que viene. Sobre todo, las empresas, que han agotado buena parte de sus reservas esperando que las cosas mejoraran. Sabemos cómo han reaccionado ante una crisis profunda; lo que no sabemos es cómo van a resistir una crisis duradera. 2010 será el año de la destrucción de empleo fijo y el cierre de las empresas que han aguantado con un ERE sucesivo durante 2009.

Hagámonos cuanto antes a la idea de que en 2010 proseguirá la atonía del consumo, el desplome de la inversión y el aumento del paro. Del consumo poco cabe esperar a la vista de que la visión de las familias está dominada por la convicción de que el desempleo seguirá aumentando, los impuestos subiendo, y de que tienen que seguir reduciendo su nivel de endeudamiento. En el mejor de los casos, estancamiento; en el peor, una nueva caída (-2%) pero más pequeña que en 2009 (-6%).

El gasto público aportará un impulso adicional mucho menor que en 2009, sobre todo si es verdad que el Gobierno quiere reducir el déficit público a niveles manejables. Una buena parte de ese gasto se irá en el pago de intereses de una Deuda que seguirá subiendo hasta niveles cercanos al 70% del PIB (36% en 2007). Con optimismo, el consumo público podría crecer poco más del 1%.

De la Inversión es casi mejor no hablar. La Construcción no remontará vuelo mientras el parque de viviendas sin vender no se reduzca a la mitad. Pero los ciudadanos sentirán alivio al saber que los Ayuntamientos no podrán seguir abriendo zanjas y cerrando zanjas en uno de los ejemplos más nefastos de keynesianismo castizo.

La Inversión en bienes de equipo, que ha caído un 27% en 2009, otro record nefasto, “sólo” caerá entre el 5 y el 10% en 2010. Este es el tipo de buenas noticias que cabe esperar el año que viene. Los empresarios bastante tienen con sobrevivir contendiendo con algunos de los Sindicatos más eficaces del mundo. En eso sí somos buenos.

La única posibilidad de mejora, aparte del efecto rebote, reside en las Exportaciones. Pero una economía que ha perdido competitividad a espuertas y que está excesivamente orientada hacia Europa, especialmente Francia y Alemania, no puede esperar un cambio significativo en este sentido. Bastante será que después de haber caído un 14% en 2009 crezcan entre un 1 y un 2%. Muy poco para modificar un panorama que seguirá dominado por una crisis sistémica que pasó de la Construcción a la Industria y ahora llega con toda su intensidad a los Servicios, que son las dos terceras partes de la economía.

Con todo ello se puede componer un panorama en el que el PIB caerá “solo” un 1% (3,7% en 2009), el paro rebasará por poco el 20%, y eso gracias a que la población activa ha empezado a caer, el déficit público volverá a superar el 10% del PIB, y los precios crecerán un 1%. ¿Recuperación? Mas bien estabilización en la segunda parte del año, y gracias.

4.-La economía española tiene, por resumir mucho, dos problemas: el derivado de la burbuja inmobiliaria, que ha dejado muy tocado el sistema financiero, y una monumental falta de competitividad, como resultado de un crecimiento de la productividad muy inferior al de los salarios. Esto sólo se resuelve con políticas de oferta que estimulen la competencia y aporten flexibilidad. La palabra clave es liberalizar: No sólo el mercado de trabajo sino también el sistema financiero; no sólo los Servicios privados, que todavía esperan la aplicación efectiva de la directiva comunitaria, sino también los Servicios públicos, especialmente en materia de Educación y Sanidad, aunque sólo sea porque sus equivalentes privados cuestan un 30% menos. También hay que liberalizar la vivienda en alquiler, pero de verdad, o el transporte por ferrocarril, que espera desde hace ocho años que unas vías que han pagado todos los españoles se abran a los operadores privados. Y así todo.

Desde 1960, la economía española ha sido tributaria de un crecimiento mundial que nos ha proporcionado todo lo que tenemos: inversiones exteriores, fondos estructurales, turismo, tecnología, que venían en la medida en que éramos un país barato y atractivo. Hace tiempo que hemos dejado de serlo, y lo malo de la burbuja inmobiliaria es que se encargó de que olvidáramos de que teníamos que mejorar la educación y la formación profesional, empezar a desarrollar tecnología, abaratar los costes de intermediación bancaria, agilizar y simplificar la administración pública, reducir la corrupción, reformar la justicia, etc, etc.

La crisis ha puesto de relieve que, en general, los sectores que no están sometidos a la competencia, (los asalariados fijos, la administración, los bancos, los servicios) son caros e ineficientes. Por ello, sus precios, impuestos, beneficios y salarios tienen que iniciar una cura de adelgazamiento. Si eso no ocurre, y es casi imposible que ocurra, no creceremos y se producirá un efecto desplazamiento por el que una parte de la sociedad se empobrecerá de manera permanente, especialmente los jóvenes.

Lo más probable es que no hayamos aprendido nada, ni siquiera lo más esencial, que nos hemos vuelto pobres. La renta per cápita no volverá a ser la de antes por lo menos hasta 2014. Así que hay que pensar que la crisis va para largo. A ver si esto hace que de una vez por todas se aplican las reformas pendientes

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urtarrila 1, 2010 - Posted by | Uncategorized

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