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Kosovo-Euskadi: imposible (e indeseable) analogía

Noticias de Gipuzkoa 2009-12-14 lotura

Por Juanjo Álvarez – Lunes, 14 de Diciembre de 2009 – Actualizado a las 07:34h.

El proceso de avance soberanista de Euskadi debe pisar suelo y proponer una inercia federalizante La independencia de Kosovo es un triste sucedáneo de soberanía entre la miseria y la bomba social

Próximo a cumplirse el segundo aniversario de la declaración de independencia de la República Kosovar (que se materializó el 17 de febrero de 2008) vuelve a la actualidad el debate sobre la legalidad de tal secesión unilateral. Ante la Corte Internacional de Justicia de la ONU una treintena de Estados exponen en audiencia oral sus argumentos a favor o en contra de la misma. EEUU y Rusia mantienen posturas enfrentadas, y entre los 63 estados (de los casi 200 que integran la ONU) que han respaldado hasta el momento tal declaración no se encuentra España, que apela al Derecho internacional para declarar ilegal la independencia de Kosovo.

Sin entrar ahora a formular argumentos legales, cabe recordar que desde Euskadi muchas voces se alzaron a favor de tal proclamación secesionista, e incluso trataron de encontrar analogías con el conflicto político vasco, considerando que la tropa (la ciudadanía) se animaba al comprobar que la alternativa independentista era realizable en la nueva etapa postmoderna de las relaciones internacionales, y que el proceso de Kosovo obligaba a replantear términos como autonomía, autodeterminación, integridad territorial o el propio concepto de soberanía nacional.

Creo que ése ni fue ni debería ser nunca el modelo de construcción nacional (ni para Euskadi ni para Euskal Herria, según se valore el proceso en clave de un solo Estado afectado o de dos, Francia y España). Con frecuencia juzgamos demasiado alegremente procesos que no soportan un análisis sosegado. Es fácil recurrir al simplificador y demagógico sistema del maniqueísmo: los buenos y los malos. En el caso de Kosovo se demonizó a Serbia, y la ideología supuestamente prosoberanista vino a exigir que los malos, es decir, los serbios, consintieran la autodeterminación de sus minorías. Unos meses más tarde, en el conflicto de Osetia que enfrentó a Rusia y Georgia, los buenos (Georgia) pasaron a ojos de los mismos observadores a tener el derecho y el deber de defender su integridad territorial frente a “artimañas separatistas”, y no se dudó en legitimar el brutal ataque de Georgia sobre Osetia del Sur.

EEUU actuó, como siempre, de forma pragmática e interesada, atendiendo a la geopolítica de las bases militares y al control del tráfico de armas, y tardó solo 24 horas en reconocer al nuevo Estado kosovar. Resulta patética, en la distancia, la afirmación del ex presidente Bush cuando en su visita a Albania afirmó, en relación a la reivindicación independentista kosovar, que cuando las negociaciones se prolongan demasiado es necesario decir “basta”. ¿Y qué deben pensar los palestinos o los saharauis, tras años de infructuosa lucha por recuperar su territorio y su dignidad como pueblo?

Los Acuerdos de Dayton en 1999, refrendados mediante la Resolución 1244 del Consejo Seguridad de Naciones Unidas, reconocían explícitamente la histórica soberanía de Serbia sobre Kosovo. El resultado de la precipitación diplomática es el logro de una independencia simbólica, un triste sucedáneo de soberanía que naufraga entre la miseria, la bomba social de una sociedad tejida de redes mafiosas y la práctica ausencia de actividad productiva-industrial. ¿Esa es la independencia que queremos los vascos, establecida además sobre cánones étnicos? ¿Dónde quedaron los 100.000 serbios que vivían en suelo kosovar?

A mi juicio, y frente a este fracasado modelo de creación ex novo de realidades estatales excluyentes, el proceso de avance soberanista de Euskadi debe pisar suelo, proponer una inercia federalizante frente al modelo estatal español regionalista ya agotado y que muestra una vocación mimetizadora de las competencias autonómicas. Persigue, de facto, fagocitar a través del modelo común a las naciones que nos integramos dentro de ese endeble andamio estatal. Pero pese a ello, nuestro modelo de avance en el autogobierno ha de estar basado en el pacto y en el mutuo respeto institucional.

El rail de la continuidad autonomista tiene poco glamour político, y revela un sistema agotado. Avanzar hacia una federalización asimétrica, que reconozca nuestro hecho diferencial sin prepotencia ni exclusiones exige avanzar paso a paso. No hay atajos en este camino ni planteamientos maximalistas, que creo sucumbirían por falta de estrategia y de apoyo social.

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abendua 14, 2009 - Posted by | Politika | , , ,

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